El cementerio Colón
Por María Argelia Vizcaino
www.mariaargeliavizcaino.com

De los cementerios y funerales no me gusta escribir por el carácter solemne y sentimental que encierran, pero hago una excepción
con el Cementerio de Colón, porque lo enfoco desde el punto de vista arquitectónico e histórico, ya que es famoso universalmente
por sus esculturas y mausoleos.

Siendo Gobernador de Cuba el Marqués de la Pezuela en 1854, sugirió construir un cementerio más grande que estuviera acorde a
la cultura de la capital, porque el de Espada, de a principio del siglo XIX, resultaba insuficiente. Pero no fue hasta noviembre de 1870,
que se acordó redactar las bases de un concurso público para la construcción del sugerido cementerio, llamándole de Colón y
ganando el proyecto del arquitecto Calixto Loira, quien además de recibir 2,000 escudos y ser director de las obras, fue de los
primeros en recibir sepultura en el primer panteón construido y llamado Galería de Tobías.

La primera piedra se colocó el 30 de octubre de 1871 y antes de su ampliación terminada en 1934, contó con una cabida de
504,458.22 metros cuadrados. De forma rectangular como un campamento romano estilo romántico-bizantino, con aceras, calles y
calzadas enumeradas, facilitando al visitante el acceso, (que en tiempos republicanos se le proveía de un plano gratuitamente). Nos
dice Enrique Martínez y Martínez en «Cuba Arquitectura y Urbanismo»: «Fue la construcción religiosa más notable que se hizo en la
ciudad durante el siglo XIX».

La plaza situada en la calle central entre la capilla y la enorme portada se llamó Cristóbal Colón, porque se proyectó erigir un
monumento al Descubridor junto a los restos, que irónicamente nunca pasaron de la Catedral de La Habana, siendo el primer busto
erigido en todo el continente (1828) y el único que existe en todo el mundo con barba. Por lo que el cementerio dedicado al gran
Almirante, lleno de famosas esculturas carece de una por la que se le dio su nombre.

Esta necrópolis está llena de curiosos epitafios, como la losa tallada con la ficha del dominó «Doble Tres», porque una anciana
fanática de este juego perdió con esa ficha en la mano. Llena de mitos y leyendas como la de «La Milagrosa», donde reposa Amelia
Goyri De Adot, fallecida en 1901 en el momento del parto; cuenta con una efigie de mármol de una mujer con su hijo en brazos
sujetándose a una cruz. Aquí acuden muchas mujeres estériles, rogando por fertilidad; la superstición recoge que al marcharse
nunca deben darle la espalda, para que su petición sea escuchada. La leyenda ha santificado esta tumba, ya que en el momento de
la exhumación dicen que se encontraron sin corromper a la mujer con su pequeño hijo acunado en sus brazos, de ahí es que
vengan personas de todos los sexos a implorar por sus problemas, y aparezcan ofrendas en señal de agradecimiento por el
«milagro» concedido.

Aunque los lujosos mausoleos no son imperiales como los de la dinastía Manchu en Mukden, sí ofrecen gran importancia, no sólo
arquitectónica, sino a la vez histórica, porque aquí se mezclan lo religioso con lo pagano, se unen los patriotas (como el general de
origen polaco Carlos Roloff Mialofky) y los traidores; los presidentes de Cuba; los obispos, como el valeroso Cardenal Arteaga muy
cerca del Mausoleo de la Sociedad Secreta Abakuá. Como nos dice Gerardo Sánchez Ballate en el simpático libro «El Huevo de
Colón», reflejando la raíz heterogénea de la sociedad cubana y el deseo de abarcar cientos de tendencias y tradiciones.

El Cementerio de Colón es un testigo mudo del deterioro de nuestro país después de la desgracia del comunismo. He podido
observar con tristeza unas fotografías que me envió la lectora y amiga Dignora Rodríguez, residente de Granada Hills, California,
(unos años después se mudó para el condado de Broward en la Florida) que presenció un entierro en 1993, sin la solemnidad de un
carro fúnebre y sin arreglos florales, que ni en tiempos de la larga guerra contra España se dejaron de poner.

Para colmo, en complicidad con los miembros del sistema, las tumbas son profanadas y en muchos casos han aparecido
cadáveres mutilados, porque la cabeza de un muerto es vendida por $20.00 dólares para ritos paleros que el gobierno satánico ha
popularizado entre el turismo internacional para adquirir más divisas. Ellos la llaman Quiyumba y la usan para preparar su cazuela
que sirve de fundamento a su religión, donde según ellos hacen un pacto con el muerto que lo ayudará en su vida.

Con esto no quiero alarmar a mis compatriotas del exilio, que han dejado sus familiares difuntos atrás, sino para denunciar un
hecho abominable, por eso menciono lo que dolorosamente le pasó a la familia Presing, de origen húngaro, que residen en Villa
María, Guanabacoa, comprobado por mi cuñada María el pasado verano de 1997.

Es una pena que uno de los cementerios más famosos y hermosos de nuestro continente, por culpa del sistema totalitario que
impera en Cuba, haya llegado a estos extremos. Dios se apiade del alma de nuestros muertos, porque sus huesos no han podido
descansar en paz.-

Escrito por María Argelia Vizcaíno en el Otoño, 1997.
Cementerio Colón en 1996 y Cementerio Espada 1906. La Habana.
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mariaargelia@hotmail.com
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