Cirilo Villaverde el patriota

Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com

La mayoría de las personas conocen a Cirilo Villaverde como el autor de la obra cumbre de la literatura cubana
“Cecilia Valdés” o también llamada “La Loma del Ángel”, pero se han perdido la extraordinaria labor que
desempeñó el gran literato defendiendo la soberanía de Cuba.

Fue el narrador cubano más admirado del siglo XIX y al mismo tiempo un “patriota entero” como escribiera José
Martí en el periódico Patria en 1894 al otro día de su muerte, un 24 de octubre. Coincidencialmente nació también
en octubre, un día 28 de 1812, en el ingenio Santiago, propiedad de los señores Lasa, en la jurisdicción de San
Diego de Nuñez, en la Provincia de Pinar del Río. Fue el número 6 de 10 hermanos y le nombraron Cirilo Simón
Villaverde de la Paz. Su padre, Lucas Villaverde Morejón era un médico del ingenio que provenía de una familia
establecida en la Florida, y su mamá, la señora Dolores de la Paz y Tagle, dedicada a los quehaceres del hogar.

Por pasar sus primeros siete años en el ingenio azucarero, no le fue ajeno los horrores del régimen esclavista. En
la parroquia de San Diego Nuñez aprendió a leer, pero al morir el Sacristán, su padre lo envió en 1823 junto a otros
hermanos, a casa de una tía que vivía pobremente en La Habana. Es admitido en el Seminario San Carlos,
después de presentar el obligado certificado de limpieza de sangre, (lo que probaba que no tenía sangre africana).
Al mismo tiempo asiste a la Academia de San Alejandro para estudiar dibujo.

Sobre su azarosa vida política aprendimos que en 1834 ya es asiduo asistente a las tertulias de Domingo del Monte
— que aunque reformista son enemigos de España — y las amistades que frecuenta por 1842 son declarados
enemigos de la Colonia también.

Según relata el periodista Alvaro S. Dobuen para la revista Carteles en su edición del 3 de mayo de 1953: “Hacia
1840 conoció a un militar venezolano que se sentía atraído por las cuestiones del país. Lo secundó en sus
esfuerzos, colaboró en sus conspiraciones. Y cuando este militar, el general Narciso López, tiene que huir en 1848,
Cirilo Villaverde es apresado y conducido a la cárcel.”

Ya era un prestigioso escritor, cuando fue arrestado al ser descubierta la conspiración de sublevación en Trinidad,
Villaclara y Cienfuegos, por la delación de un conjurado. Siendo condenado, como relató su amigo Francisco
Calcagno en el Diccionario Biográfico Cubano "por la comisión Militar, en vista, a 10 años de presidio y en revista, a
muerte en garrote vil". Seis meses después se fuga de la cárcel y puede huir escondido en la bodega de una
embarcación de vela, con dos fugitivos más, hacia las costas de la Florida.

En el exilio organiza su vida, y trabaja entre otras cosas, como redactor en La Verdad, periódico de los exiliados
cubanos en New York, también en el semanario El Independiente, La América y el Frank Leslie’s Magazine. Y
cuando se constituye la primera Junta Cubana, ocupa la secretaría. En 1855 contrae matrimonio con Emilia
Casanova, nada menos que la joven revolucionaria que en Cárdenas, provincia de Matanzas, aplaudió sin temor la
bandera de Narciso López delante de los guardias españoles y en el exilio funda “La Liga de las Hijas de Cuba” (se
sabe que Emilia le escribió hasta Garibaldi y Víctor Hugo pidiéndole apoyo moral para la causa independentista
cubana).

Aunque Villaverde comenzó su lucha junto a Narciso López, marcado anexionista, con los años se convirtió en un
connotado separatista y gran luchador, que junto a su Emilia nunca escatimaron esfuerzos. De ahí que al comenzar
la Guerra de los Diez Años se entrega junto a ella a numerosas actividades prácticas para colaborar desde el
exterior, como cuando le envió a Carlos Manuel de Céspedes un estudio de La Revolución de Cuba vista desde
Nueva York.

Es como relata Martí en el periódico Patria a raíz de su fallecimiento en New York un 24 de octubre de 1894, 4
meses antes de que estallara la Revolución dirigida por él: "Y el anciano hablaba a los jóvenes, rodeado de
ancianos. Tenía derecho a hablar, porque en la hora de la prueba, cuando el empuje de Narciso López, no había
mostrado miedo a morir (...) Ha muerto tranquilo, al pie del estante de las obras puras que escribió, con su
compañera cariñosa al pie, que jamás le desamó la patria que él amaba, y con el inefable gozo de no hallar en su
conciencia, a ala hora de la claridad, el remordimiento de haber ayudado, con la mentira de la palabra ni el delito
del acto, a perpetuar en su país el régimen inextinguible que lo d degrada y ahoga".

Tras muchos contratiempos su cadáver pudo ser enterrado en el cementerio de Colón de La Habana el 12 de
diciembre de ese mismo año.

Perdió Cuba al escritor de prodigiosa imaginación, al pintor co-creador de nuestro escudo *conjuntamente con
Teurbe Tolón y Narcizo López), al participante en el trazado y montaje de la Bandera Nacional, al músico creativo,
al abogado de causas justas, al periodista atrevido que hacía duras críticas al gobierno bajo seudónimos como Yo;
El ambulante del Oeste; Lola de La Habana, al novelista sin igual, pero sobre todo al patriota.

La obra que lo inmortalizó fue sin duda Cecilia Valdés, que sacó a la luz su primera versión en 1839, y en su
versión definitiva de 1882, destaca vivamente el problema de la esclavitud, considerándose la obra cumbre de
nuestra narrativa del siglo XIX.

Es el único autor de su clase que la protagonista de su obra no lo opaca, porque si brillante fue la vida que le dio a
Cecilia Valdés, más aún fue su obra apasionada a la causa de la libertad de Cuba, por lo que su vida personal fue
su mejor novela.

Su pluma nunca estuvo inmóvil ni aún en sus momentos más complicados. Es autor además de Cecilia Valdés de
obras muy valiosas también como son:  El Ave muerta (1837); La Peña Blanca (1837); El Perjurio (1837); La Cueva
de Taganana (1837); El Espetón de Oro (1838); Teresa (1839); La joven de la flecha de oro (1841) traducido al
alemán; El ciego y su perro (1842); Cartas de Isaura a Indiana (1842); Declaración de un Marinero Náufrago
(1842); El Guajiro (1842), de la que se hizo una versión en francés; Los Dos Amores (1843); El Penitente (1844);
La Peineta Calada (1843); Excursión a Vuelta Abajo, que la condesa de Merlin reproduce una parte para su libro
Habana; etc. y por si fuera poco también escribió y publicó un texto de Geografía de la Isla (1845), y un libro de
lectura titulado Los Cuentos y las Conversaciones (1847).

No es Cirilo Villaverde el simple nombre de un escritor famoso, es el hombre admirado por tantas cualidades
positivas que colaboró a engrandecer la honra de la patria. Es como decía otro grande de nuestras letras, Gastón
Baquero: «No es justo recordar al gran pinareño sólo por la estupenda pintura de la sociedad cubana de su tiempo
hecha de mano maestra en La Loma del Ángel», hay que conocer también al gran patriota que hubo en él.-
Cirilo Villaverde
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