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ESTAMPAS DE CUBA
Por María Argelia Vizcaíno
La medicina en Cuba antes de
1959
                                        
Parte I de III


     La ciencia médica siempre estuvo muy adelantada en nuestra patria,
aunque algunos se hayan empecinado en quitarnos nuestros logros. Muy
especialmente el castrismo que se ha adjudicado méritos en materia de
salud pública que antes del triunfo de su gobierno ya Cuba poseía en
mayor cantidad y calidad. Empecemos conociendo a algunos de nuestros
médicos más brillantes excluyendo a
Carlos J. Finlay, el más grande
científico cubano y de toda Latinoamérica, al que dedicamos una
Estampa aparte porque su trabajo contra la Fiebre Amarilla es de gran
importancia para el mundo entero.
     Entre los primeros galenos destacados en tiempos coloniales tenemos
a:
Tomás Romay. Médico y escritor que nació en La Habana en 1769.
Bachiller en Medicina en 1789, sacó el doctorado en 1792. Fue
cofundador del diario Papel Periódico, director de la Sociedad Económica
de Amigos del País. Introdujo la vacuna en Cuba inoculando
primeramente, para ejemplo, a sus hijos. Organizador y director de la
Junta Superior de Medicina, Cirugía y Farmacia en 1833. Autor de
«Memorias sobre la Fiebre Amarilla» (1798);  «Memoria sobre los
cementerios» (1802); «Memoria sobre el cultivo de colmenares en
Cuba», etc. Como ha dicho
Lincoln Rodón Alvarez en Cuba y su
derecho a la libertad
«fue más que un médico, fue un ciudadano que
promovió civilización y reforma»
. Murió en 1849.
     Dr. Joaquín Albarrán y Domínguez. Nació el 9 de mayo de 1860
en Sagua la Grande. Recibió el título Licenciado en Medicina con nota de
sobresaliente el 10 de diciembre de 1877. Para 1889 llegó a ser Jefe de
Clínica del Hospital Necker de París y premiado con la Medalla de Oro de
los Hospitales. Además de elaborar cerca de trescientos trabajos
científicos presentó en 1897 a la Academia de Medicina «la famosa
uñuela que modificaba el cistoscopio de Nitze y con ella extendió la
exploración a los uréteres y la pelvis renal, que hizo posible esclarecer la
fisiología y patología del sistema urinario». Este instrumento dio un paso
de avance a posteriores estudios de las enfermedades renales y su posible
curación. Por si fuera poco contribuyó al invento o modificación de más
de 28 instrumentos destinados a cirugía de urología. Entre sus
contribuciones a la ciencia tenemos también que probó la existencia de
infecciones renales descendentes y ascendentes; la aplicación eficaz de la
extirpación de un riñón; el descubrimiento de las glándulas de Alabarrán;
descubrimiento del funcionamiento por separado de los dos riñones; el
descubrimiento en conjunto con el Dr. André Halle de la bacteria piógena
más tarde identificada con el colibacilo decisivo para combatir las
infecciones urinarias y en la inflamación de los riñones. Murió el 17 de
febrero de 1912.
      Desde finales del siglo XIX al siglo XX contamos con el Dr.
Gabriel Cubría Puig
, que nació el 14 de septiembre de 1874 en
Alquizar, provincia de La Habana. Ingresó en la Universidad de la Habana
en el curso de 1891-92, siéndole expedido su título de Doctor en
Medicina y Cirugía, en abril de 1899, comenzando a ejercer su carrera en
Guanabacoa, hasta que en el año 1905, fue nombrado Director del
Hospital General de Caridad de Guanabacoa, proyectado y fabricado por
el Sor. Tenerife Gobernador D. Ramón Flores de Apodaca, inaugurado el
día 5 de abril de 1856, cuya obra fue dirigida gratuitamente, por D.
Esteban Migueles, Maestro Mayor del Real Cuerpo de Ingenieros. En este
hospital se practicó la primera operación cesárea de Cuba el día 3 de julio
de 1906, por el eminente médico cirujano y Director del establecimiento,
auxiliado por los doctores
Valdés Dapena, Miguel de Castro y José
Luis Darder Newhall
. Se trataba de la señora Ángela Rodríguez y
González
, una débil embarazada, desnutrida, de baja estatura y con una
pronunciada desviación de la columna vertebral, por cuyo motivo
presentaba una gran deformidad y estrechez de su pelvis, lo que le
imposibilitaba dar a luz normalmente y de que traía al mundo gemelos. La
hembra fue bautizada en la Capilla de Nuestra Señora de la Asunción, que
entonces existía en el mismo Hospital, con el nombre de Ángela Virginia,
la que vivió hasta los cuatro años después en que falleció el 9 de
septiembre de 1910. El varón se nombró Máximo Gabriel, y llegó a
adulto. La señora Ángela murió muchos años después el 22 de octubre de
1926. Fue el padre  de las criaturas, Ramón Benito Riera y del Pino.
     De la Cuba republicana tuvimos al Dr. Agustín W. Castellanos. De
familia humilde terminó sus estudios de medicina en la Universidad de La
Habana en 1925. Nombrado en 1935 director del Hospital Infantil de La
Habana. Descubridor en 1937 de la angiocardiografía, que como nos dice
el
Dr. Eliseo Pérez-Stable en El Mensajero de Baltimore de abril, 2001
es
«el primer paso para el desarrollo de la cirugía cardiaca (...)
propuesto para el Premio Nóbel de medicina en 1959».
Además,
«gracias a sus gestiones se crearon dispensarios pediátricos en los
campos de Cuba en la década de los 50. La fundación que llevaba su
nombre no sólo auspiciaba investigaciones rigurosas, sino que además
atendía gratuitamente a personas sin recursos. También apoyaba el
entrenamiento cardiovascular de pediatras, tanto cubanos como
extranjeros
». Murió en el 2001, en el exilio a los 98 años. Dejó un hijo
médico profesor de cardiología de la Universidad de Miami
«y un
investigador de fama internacional por sus contribuciones al desarrollo
de los marcapasos. Dos de sus nietos también son médicos»
en Estados
Unidos.
       En mi siempre consultado libro de Rosendo Rosell «Vida y
Milagros de la Farándula en Cuba», Tomo IV, cuenta sobre el
Dr.
Domingo Gómez Jimeránez
papá de la distinguida pintora Sita Gómez,
un
«orgullo de la ciencia mundial, nacido en Guaracabuya, barrio rural
de Placetas en la provincia de Las Villas, cuyos importantes libros sobre
cardiología, aumentaron el horizonte de los conocimientos científicos, y
sus numerosas aplicaciones en la clínica han sido tan notables que
pusieron en evidencia ciertas entidades mórbidas que hasta él pasaban
inadvertidas (...) Y, el sabio Albert Einstein, de quien fue amigo, entre
otras muchas cosas dijo de él: No se sabe si es un matemático perdido en
la biología, o un biólogo perdido en las matemáticas».
       Son incontables nuestros médicos destacados en el mundo entero.
Sin entrar en detalles les menciono otros más como:
Profesor Moisés
Chediack,
quien creó los Bancos de Sangre y descubrió el síndrome que
lleva su nombre;
Dr. Alejandro Chediack, es el inventor de la micro
reacción para diagnosticar la sífilis con una gota de sangre que
rápidamente aceptó la Organización Mundial de la Salud;
Dr. Juan
Guiteras Gener
considerado el primer higienista de Cuba, quien dejó su
cátedra de Medicina Tropical en la Universidad de Filadelfia que
devengaba en 1899 unos $6,000.00 mensuales para servir a la patria
naciente con el mismo puesto en la Universidad de La Habana con un
salario de $2,600;
Dr. José Antonio Presno y Bastiony, natural de
Regla y educado en Los Escolapios de Guanabacoa, considerado por
muchos uno de los médicos más prominentes de la primera mitad del
siglo XX cubano por la introducción a comienzos del siglo XX del uso
del formol para la preservación de cadáveres para las prácticas médicas
de investigación, así como para la medicina forénsica y el uso de la
anestesia raquídea para las operaciones, solamente usado poco antes en
Alemania; el
Dr. Ramón Castroviejo fue un cubano pionero en  cirugía
de los ojos, él fue uno de los primeros en desarrollar las técnicas para el
trasplante de tejidos de cornea, un eminente Oftalmólogo-Cirujano de
Cuba y Estados Unidos (en el que el “Ciego Maravilloso”
Arsenio
Rodríguez
puso todas sus esperanzas para recobrar la vista que perdió
desde niño por un golpe sufrido en su cabeza, pero que lamentablemente
en su caso no tuvo solución); el
Dr. Ángel Arturo Aballí, el pediatra
que tan alto puso el nombre de Cuba en el ámbito internacional que un
gran hospital habanero lleva su nombre y un medicamento creado por él
fue el primero en aliviar de los molestos gases a los bebitos adoloridos;
igualmente el
Dr. Gustavo Cardelle Penichet. becado desde 1941 a
1942 en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, ha
aportando numerosas contribuciones científicas en el campo de la
Pediatría, más de 150, con sus trabajos publicados en la Revista Cubana
de Pediatría, Archivos de Medicina Infantil, Archivos de Medicina
Interna, Revista Médica Cubana, Vida Nueva, Revista Española de
Pediatría, Revista Colombiana de Pediatría, International Journal off
Neuro -Surgery, además, ha publicado trabajos de divulgación científica
y de historia de la pediatría cubana, etc.
       Eminentes hombres de ciencia que casi nadie conoce en la
actualidad en nuestra nación, y lo peor es ignorar que Cuba ganó el
prestigio de ser uno de los países del hemisferio más adelantados en el
campo de la salud y la higiene, lamentablemente perdiéndose todos esos
beneficios ahora que más fama tiene a nivel mundial de supuestos logros,
por la constante propaganda con que se alimenta el sistema totalitario.
Sólo para comprobarlo podemos contar cuantos centros hospitalarios se
construyeron en la era republicana y cuántos en más cuatro décadas de
castrismo donde ha aumentado la densidad de la población, de ahí que
ahora nuestros enfermos --si no tienen dólares, o influencias políticas o
un familiar o un amigo médico--, tengan que esperar meses por una cama
para poder ingresar para una cirugía o un tratamiento.

«Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le
asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar especialmente de
la vivienda, la asistencia médica, y servicios sociales necesarios».
DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
(ARTÍCULO 25)


                                     
Parte II de III

     La deformación constante de la historia es una especialidad de los
sistemas totalitaristas de izquierda. Ellos creen que al tener el control
absoluto de los medios de comunicación pueden manejar todas las
noticias manipulando la opinión pública. Pero la verdad no hay quien la
oculte por mucho tiempo, ahí que sepamos que los «logros
revolucionarios»  en materia social, educacional y médica están
totalmente inflados y sólo pueden ser creído por personas indiferentes,
ignorantes y envidiosos fanáticos del sistema comunista, que son los
mayores causantes de la prolongación y contaminación externa de la
desgracia del pueblo cubano.
        En materia médica se han confeccionado tantas o más mentiras
que las que se dicen sobre educación y bienestar social, que no dejan de
ser tétricas y fraudulentas también. Eso lo conocemos como fieles
testigos de aquellos años que quieren borrar y por lo que padecimos
posteriormente con el sistema médico implantado por el castrismo. Pero
nos fundamentamos para esta Estampa con lo que relatan distinguidos
escritores como
Lincoln Rodón Alvarez que en el libro «Cuba y su
derecho a la libertad» cuenta:
«Ningún país latinoamericano se adelantó
a Cuba en el suministro de vacunas para enfermedades infecciosas. El
creciente aumento de vías de comunicaciones extendieron los beneficios
de la higiene a los más remotos lugares del país. Numerosos hospitales
generales fueron surgiendo en todo el país y también especializados en
Cáncer, Hospitales y Dispensarios Antituberculosos y para leprosos. LOS
SERVICIOS HOSPITALARIOS ERAN GRATUITOS CON PLENITUD
DE SERVICIOS DE DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO».
       Y si estos servicios públicos tuvieron algunas deficiencias fueron
compensados como bien dice el profesor
Juan Clark en su libro «Cuba:
Mito y Realidad»,  con un
«sistema a la salud a bajo costo, de tipo
mutualista o cooperativo, originado en tiempos de la colonia, de
propiedad privada, mediante lo que se conocía como Quintas o Clínicas,
precursoras de los HMO de Estados Unidos (mucho mejor en todo
sentido), cuyos dueños, en la mayoría de los casos, eran los propios
usuarios».
Por ejemplo, según me contó mi amigo C.D.C., cuando estuvo en la
primavera del 2002 de visita en Miami, que entre cientos de clínicas en
todo el país estaba La Dependiente en La Habana que él pagaba $2.85
mensuales por persona, esto incluía la consulta médica y de cualquier tipo
de especialista, el uso del laboratorio y toda clase de exámenes médicos,
medicinas, cirugía, habitación con cama para el enfermo y el
acompañante con sus correspondientes tres comidas diarias y meriendas
para ambos. Demás está decir el buen trato y la calidad en el servicio, sin
necesidad de llevar las sábanas, fundas, agua, alimentos, hilo de suturar
heridas, jabones, detergentes e implementos de higiene, así como
bombillas para iluminar la habitación y mucho menos sobornar a los
trabajadores del centro con regalos, y tener que vigilar para que no se
roben nuestras pertenencias.
     El sistema médico, el educacional y social después de 1959 es un
desastre en Cuba, todo es contrario a su propaganda. Desde el principio
que nació el exilio cubano anticastrista tuvieron que guardar sus ahorros
para enviar medicamentos a sus familiares en la isla. Nunca olvidaré a mi
cuñada enferma del hígado en la década de 1960 y a mi madre enferma
de los nervios, sin poder adquirir las medicinas que las aliviarían a no ser
que se las remitieran del exterior. A medida que pasan los años hasta una
simple aspirina que se fabricaba en nuestro país, es necesario enviarla
desde fuera porque no han tenido cómo bajar una fiebre o calmar un
dolor de cabeza.
También el profesor Clark nos asegura que nuestro país fue el primero
del mundo en librarse de la Fiebre Amarilla gracias al descubrimiento del
científico cubano Carlos J. Finlay, --y reconozco yo-- el aporte
económico  tan necesitado del gobierno norteamericano. «Para 1953, en
una escala mundial, Cuba ocupaba el lugar 22 en cuanto a número de
médicos y dentistas por habitante (128.6/100,000) y para fines de esa
década ocupaba el tercer lugar en Latinoamérica en ese renglón.
Consecuentemente, Cuba tenía una de las tasas de mortalidad más bajas
del mundo (5.8 en contraste con 9.5 para Estados Unidos y 7.6 para
Canadá) y poseía, para fines de esa década, la más baja mortalidad infantil
de Latinoamérica (...) La isla también gozaba de una moderada tasa de
natalidad y no tenía por tanto un apremiante problema de crecimiento
demográfico, típico de los países  subdesarrollados», sin necesidad de
promover el aborto como método anticonceptivo.
       Todas estas estadísticas fueron alteradas por la dictadura castrista,
aún la que sacó la Juceplan en 1974 en el Anuario Estadístico de Cuba
que decía que nuestra nación antes de 1958 contaba con una tasa de
mortalidad de 33,4 por mil nacidos, para después en la clausura del
Primer Congreso del PPC el mismo tirano asegurar que era mayor de 60
por mil nacidos, contradiciendo lo que ellos mismos publicaron. Esto es
una exageración notable de la cifra que no tiene comparación ni con la
que teníamos en 1915 que era 13,53 por cada 1,000 habitantes.
       De ahí que no entienda a los que viendo pruebas de todo lo que
mienten los comunistas, se empeñan en creerles y encontrarles puntos
positivos, justificando su sistema criminal y opresor, desde luego
viviendo muy lejos de su territorio, o en el mismo pero con privilegios
que no se le dan al pueblo subyugado. En un país que controla sus
medios masivos de difusión, que nadie tiene derecho a publicar sus
puntos disonantes, ni leer tan siquiera lo que se desea, donde se acosa a
todo aquel que pretenda no respaldar la política del régimen, ¿cómo poder
creer ciegamente en su única versión? Por algo se dice que para ser buen
juez hay que escuchar todas las partes, así que aquel que encuentra el
sistema de salud castrista como un gran logro del gobierno, con
seguridad sólo oyó un sólo lado o es su cómplice.

«Aunque los médicos cubanos hoy siguen siendo brillantes, la calidad del
servicio que le pueden dar al pueblo es pésimo, por culpa de la política
del régimen». DR. FERNANDO PINO MOSQUERA, MD


                                  Parte III de III

      Es increíble que una falacia que se repite tantas veces llegue a
considerarse una verdad, como ha sucedido con los pretendidos «logros
de la revolución en salud, educación y bienestar social».  Pobres de los
que no vivieron aquella época y no tuvieron unos padres como los míos
que desmintieran con valor los mitos castristas, porque si no indaga por
su cuenta la realidad, tendrán que creer lo que falsamente se dice con
tanta vehemencia.
        El colmo de todo esto es ver la complicidad de la mayor parte de la
prensa mundial para sustentar esa propaganda burda y hasta los que se
dicen sus enemigos que se hagan eco de lo mismo, como vimos en abril
del 2002 que al condenar al gobierno de Castro en Ginebra como violador
de los Derechos Humanos tuvieron que alabar sus supuestos «éxitos» tan
cacareados. O las declaraciones emitidas en el mes de abril pero del 2001
por el
General Colin Powell, nada menos que el Secretario de Estado de
USA, que aparentemente no estudió historia o por temor a parecer muy
recalcitrante contra el gobernante «anacrónico» manifestó ante una
Comisión de la Cámara de Representantes de esta gran nación en un
careo con el congresista Serrano, que Castro había realizado cosas
positivas para el pueblo cubano.
      Por eso tenemos que aclarar que antes de 1959 nadie se moría por
negársele atención médica, como sí ocurre con los presos políticos del
castrismo; o por no poder adquirir el medicamento necesitado. Era
imposible pensar en aquellos años que para poderse aliviar de un simple
dolor de cabeza o para obtener un jarabe contra la tos, haya que
suplicarle a un familiar o amigo en el extranjero que nos lo enviara, como
sucedió después de ese año, viendo lo generoso que es el gobierno de
Castro que dona sus médicos al exterior y fabrica vacunas (de dudosa
efectividad) para exportar.
        Además, como escribió el excelente escritor Reinaldo Bragado
bajo el título de «Castro: el reino del delirio» (The Word & I, diciembre
de 1988. The Washington Times Corporation):
«El gobierno cubano
asegura ser una potencia médica, sin embargo, todos sabemos que la
medicina moderna se basa en la prevención de las enfermedades, y esta
prevención se basa, fundamentalmente, en la higiene y la sanidad de los
alimentos consumidos ¿Cómo un país puede constituir una potencia
médica si la base del mecanismo, algo tan elemental como el agua, no
posee los requerimientos sanitarios mínimos?».
Es obvio, porque para
nadie es un secreto que el agua potable en nuestro país es limitada y
«contiene elementos dañinos que desautorizarían su uso en cualquier país
civilizado»
La poca higiene es crónica por su sistema antiguo de tuberías
que no son reemplazadas, contando con un acueducto también obsoleto y
falto de mantenimiento, por la escasez de implementos y líquidos de
limpieza que no se venden a la población con regularidad, que
conjuntamente con la inoperante recogida de basura y de todo tipo de
desperdicios hacen que proliferen por todas partes las ratas, cucarachas,
mosquitos, moscas y alimañas que desatan epidemias erradicadas antes
del castrismo como el tifus o nunca vistas anteriormente como el Dengue.
        Por algo el International Bank for Reconstruction and
Development, en su Report on Cuba publicado por The Johns Hopkins
Press en el año 1951 recogía que «El pueblo de Cuba es inteligente, listo
y rápido en absorber el conocimiento moderno; sus hombres de negocios
son astutos y capaces, sus médicos y cirujanos están entre los mejores
del mundo». Y eso fue posible porque a pesar de gobiernos corruptos y
«la sumisión de los oligarcas al imperialismo yanqui», no había un
gobierno totalitario que en su afán de control absoluto reprime a sus
habitantes y limita el progreso, aún a expensas de la salud de sus
ciudadanos.
      Antes de su revolución hubo atención gratuita en los hospitales
estatales; en el Hospital de la Policía; en centros de salud mantenidos por  
la Iglesia Católica; (que siendo más pobre que la de Estados Unidos tenía
a su cargo obras de caridad como estas o escuelas para niños pobres,
asilos de ancianos, centro de cuidado para los desamparados, comedores
para personas de bajos recursos, etc.) a todos los que allí asistían le
daban atención por igual, lo mismo al que pudiera pagar como a los
pobres, como fue la excelente clínica del Cerro Católicas Cubanas; y en
las Casa de Socorro, una en cada municipio, que el médico visitaba al
paciente en su casa cuando era necesario.
      También los médicos de vocación, además de trabajar en su clínica
o consultorio privado donaban su tiempo en instituciones de beneficencia,
y al que no tenía dinero para comprar medicamentos se lo daban de su
bolsillo. Como eran los prestigiosos galenos de mi pueblo:
Dr. José Luis
Darder Newhall, el Dr. Alberto González y Vargas y el Dr. Rodolfo
Guiral Viondi
, que fueron los tres primeros practicantes que tuvo la
Casa de Socorro de Guanabacoa que ofrecieron sus servicios de calidad
sin retribución alguna cumpliendo el reglamento vigente, a partir del 2 de
enero de 1893.
      Por si fuera poco muchas personas acudían a la botica del pueblo,
atendidas por doctores en farmacia, que si el caso no era complicado y
no requería investigación, le recetaban los medicamentos apropiados y si
no podían pagarlo, se lo ofrecían a plazos o se lo regalaban. En mi
término municipal de Guanabacoa había antes de 1959 unas 36 farmacias
y después, según reportó el Ministerio de Salud castrista en el año 2000,
contaban con 22 (para una mayor cantidad de población), y ya sabemos
que con vidrieras vacías, por la escasez de medicamentos básicos, y los
pocos que se ofrecen hay que pagarlos, porque el dueño (los Castro) no
fían.
      Como dice el Dr. Fernando Pino Mosquera en su síntesis sobre
los Cien años de historia de la medicina en la Ciudad de Cárdenas que
aparece en www.delafe.com/cardenas/medicins.htm:
«El tema de la
medicina, al igual que el de la educación, ha sido manipulado por el
régimen de los hermanos Castro de tal manera que el mundo entero, sin
cuestionarlo, ha sido llevado a citar repetidamente este mito como uno
de los logros de la Revolución castrista. Al contrario de lo que los
Castro quieren que el mundo entienda, la medicina en Cuba en los años
antes de dicha revolución ya había alcanzado altísimos niveles de
profesionalismo que se ponían a disposición de la población».
      No sólo las estadísticas que se recogieron de aquellos años, sino los
testigos, por fortuna muchos aún vivos, demuestran que no miento al
escribir esta Estampa, y no exagero al afirmar que nuestro país antes de
1959 contaba con un sistema de salud gratuito para toda la población
mucho mejor de lo que ofrece, no sólo el castrismo que lo destruyó, sino
el gobierno de Estados Unidos a toda su pueblo en pleno siglo XXI.-
e-mail  -    mariaargelia@hotmail.com
Copyright © 2010 María Argelia Vizcaíno
ESTAMPAS DE CUBA
Por María Argelia Vizcaíno

La medicina en el Castrismo
Parte I de II


    Los castristas durante su larga dictadura han fabricado una
maquinaria propagandística casi perfecta, que hasta los que
hemos estado en su contra nos ha tratado de confundir, entre
los mitos mejor creados se encuentran: la educación, el
deporte, y la medicina, y de este último tengo grandes pruebas
de su ineficacia, que no caben todos en este artículo.
     Mis anécdotas no ocurrieron después de 1990, cuando
perdieron la ayuda del bloque comunista y tienen la llamada
«crisis económica», ni siquiera sucedieron en la década de
1980, sino que se remontan a mucho antes, una muestra más
de que el sistema es el que no sirve, y que la propaganda
adoctrinadora funciona hasta con los contrarios, porque la
gente que no conoce el exterior y no vivió la etapa de Cuba
Republicana desconoce los adelantos sanitarios de esos
tiempos.
    La propaganda habla de que en Cuba se fabrican
medicinas «milagrosas», sin embargo no dicen que la Aspirina
y la Duralgina son los únicos analgésicos vía oral, que se
conocían para el dolor y bajar la fiebre, que para los niños de
meses había que coger un cuarto de esta tableta y diluirla en
agua con azúcar para que se la pudieran tomar, además desde
hace años (1963) se sabe que los niños con fiebre no deben
tomar aspirinas porque les puede dar el Síndrome Reye
(enfermedad muy grave y a menudo mortal que causa
inflamación del cerebro y acumulación rápida de grasas en el
hígado) del que han muerto muchos infantes en la isla, sobre
todo después de las epidemias de Dengue desde finales de la
década de 1970.
      La ineficacia de los especialistas por falta de equipos
médicos es asombrosa, en el año 1967 me trataron una
afección cardiaca que me enteré era Fiebre Reumática en los
Estados Unidos 17 años después, y eso que la prikmera vez
que se hizo un diagnóstico fue en 1944 por Dr. T. Duckett
Jones. Posteriormente en el año 1972, después de largos años
padeciendo de la garganta por esa infección de estreptococos
que me produjo la fiebre reumática, pude ser internada en el
Hospital Salvador Allende, antigua clínica La Covadonga, en el
Cerro (gracias a la influencia de un amigo médico) allí sufrí una
cirugía de las amígdalas, con una tijera que no cortaba y una
anestesia vencida, practicada por una estudiante de cuarto
año. Creo que sobran las explicaciones, para que puedan
imaginar un instante mi valentía e increíble tolerancia al dolor.
     Creo que lo peor para mí fue mi primer parto (1976), en el
Hospital de Maternidad de Guanabacoa, antigua prestigiosa
clínica llamada «La Fátima». Ingresé pasada de tiempo (41
semanas), la llamada «prueba de la aguja» dio que era
meconio (el bebé ya se había defecado, como se dice
vulgarmente) y no me aplicaron la operación cesárea, para
ahorrar anestesia, decidieron inducirme el parto. Cuando
pasaron 15 horas de intenso dolor me hicieron unas
radiografías para ver por qué, a pesar de la dilación la criatura
no bajaba, y a esa hora se dieron cuenta que mi región sacro
estaba desviada y que por ser un «feto grande» (8 libras) no
podía salir. Tuvieron que sacármela con un gran piquete y el
uso de espátulas y fórceps. Gracias a Dios mi hija se salvó y
creció normal, pero conozco casos que de la misma forma
quedaron con retraso mental y otros fallecieron. Mi
recuperación fue lenta no sólo por la cicatrización de la gran
herida sino por el daño a mi hueso pelviano, pero la juventud y
Dios me ayudaron mucho. A los dos años nos dimos cuenta
que la niña tenía problemas serios con la vista por la aplicación
de los fórceps, y en Cuba no tenía solución. Quiso Dios que
llegáramos a los Estados Unidos y a los 4 años le operaron dos
músculos del ojo derecho, pero la vista perdida jamás la
recuperó. A los 9 años, y debido a los mismos fórceps también,
padeció de epilepsia.
      Todo el sistema de Castro me ha dejado huellas
imborrables y dolorosas, por eso a veces me incomoda que
algunas personas que no me conocen me llamen comunista,
por no tener los mismos puntos de vista o porque simplemente,
yo no tuve la suerte de llegar al exilio desde el principio de la
destrucción de Cuba, y son de los que creen que todo el que
se demoró en llegar eran los simpatizantes de Fidel. De esto
he comentado otras veces, porque no cabe en mi cabeza, que
algunos no puedan entender lo difícil que es salir de Cuba, y
que además existen miles de personas en contra de Fidel, que
han sufrido hasta prisión por no querer abandonar la isla, pero
esto es tema para otra Estampa.

«Agua clara, aire puro y limpieza son las principales drogas de
mi farmacopea.» NAPOLEÓN


La medicina en el castrismo
Parte II. Conclusión


     EN la revista que se imprime en La Habana para el exterior
llamada «Cuba Internacional», mensualmente hay un artículo
dedicado al «turismo de salud» señalando la «maravilla» de los
servicios médicos en Cuba Socialista y el descubrimiento de
medicinas prodigiosas en un país que en 1996 que escribo
esta Estapa, no venden el acetaminophen (compuesto del
conocido Tylenol) y a los niños recién nacidos se les inyecta la
vacuna BCG, sistema desechado en los Estados Unidos desde
hace más de veinte años por considerarse obsoleto para la
erradicación de la tuberculosis. Hasta llegar al extremo de
racionar la Aspirina, el único calmante que les queda. Por algo
dice el refrán «Dime de qué presumes y te diré de qué
careces».
      Recuerdo el año 1971 en Cuba, mi cuñada con principio
de cirrosis hepática, secuela de una hepatitis mal atendida, de
no ser por las buenas amistades en España y Estados Unidos
no se hubiera salvado, desde allí le enviaban el medicamento
apropiado. También gracias a los familiares en el exilio mi
madre se sobreponía a las crisis depresivas, porque ellos tan
generosamente le mandaban el antidepresivo cuando en Cuba
estaba «en falta». Desde tiempos que ahora parecen lejanos,
la Revolución no brindaba buenos servicios médicos a la
población, aunque dijeran lo contrario.
       La experiencia más amarga que sufrimos por la carencia
de medicinas fue en enero de 1979, a mi hija de dos años y
medio le dio un gripe muy fuerte y tuvo neumonitis, por lo que
le mandaron 8 bulbos de penicilina rapilenta (el único
antibiótico para niños es a base de dolorosas inyecciones). A
donde quiera que íbamos (el Vedado, Luyanó, Santo Suárez,
Marianao, Guanabacoa, toda La Habana,) no lo tenían, nos
decían que el medicamento estaba «en falta» y no había
sustituto. Ya estábamos locos y decidimos acudir al Hospital
Naval frente al reparto Habana del Este. Con lágrimas en los
ojos y desesperada le conté el problema al farmacéutico, le dije
de todas las farmacias tan distantes unas de otra, que
habíamos acudido infructuosamente (porque por teléfono no
dan información y en muchas el teléfono no funcionaba), y
donde único había la medicina era allí, pero exclusiva para
militares y sus familiares. Mirando a su alrededor, con una
seña me dijo que me esperara y cuando no había nadie se me
acercó y me dio 6 bulbos gratis, y susurrándome me dijo: «Es
lo único que puedo hacer por ti, vete rápido.» Nunca pude
agradecerle tanta bondad, aunque de cierta manera muchas
veces hicimos algo parecido por los demás cuando estuvimos
viviendo en Cuba, de alguna forma similar retribuimos tanto
bien. Gracias Dios que a pesar de la represión y las
limitaciones existen personas que son de carne y hueso y
tienen corazón, por eso se sobrevive.
     A pesar de la tiranía teníamos buenos médicos, personas
con sentimiento y deseos de curar, que se sentían impotentes
ante la escasez y el atraso. (Ellos cada vez que podían leían
revistas médicas del exterior y actualizaban los conocimientos).
A veces los mismos cubanos que han vivido estas
monstruosidades se han llenado la boca alabando la medicina
castrista, porque la maquinaria lavadora de cerebro es muy
efectiva. Creo que estos que han hablado bien sean los muy
saludables, o los ciegos que no vieron jamás la falta de agua,
desinfectantes y de higiene básica en los centros médicos, tan
siquiera se percataron de la basura amontonada en la calle y
solares yermos, y los escombros de edificaciones derrumbadas
le eran familiar. Aquellos alcantarillados desbordados, llenando
con su mal olor peculiar todas las barriadas, tan siquiera
recuerdan haber visto tantas cucarachas juntas, mosquitos y
ratones por doquier, y los piojos perennes compañeros de los
estudiantes.
      Es mucho lo que se puede agregar al gran mito de la
medicina castrista, tan frustrante como su sistema porque
ambos son ineptos y se alimentan de la burda propaganda.
Cada ciudadano que ha tenido la desdicha de vivir la agonía
del pueblo cubano, tendrá su propia historia de colas de
madrugada (a veces hasta con fiebre) para poder sacar un
turno para que te viera un doctor mal humorado, y agobiado,
hasta sin dormir; o de meses esperando una cama disponible
para una operación (y tener que llevar las sábanas y hasta el
hilo para suturar la herida, que ha tenido que comprar de
contrabando o se lo mandó un familiar en el exterior), y es que
en 37 años, el gobierno sólo ha construido dos hospitales y
uno es de uso exclusivo para extranjeros y políticos; de análisis
de sangre poco efectivos con agujas que tienen la punta rota y
no son «desechables»; de recetas que no pueden comprar, no
por falta de dinero sino, por falta del medicamento, ni siquiera
las encuentran en el «área dólar» de los extranjeros. Una
realidad amarga con la que aprendió a convivir el pueblo
esclavizado, observando pasivo desde siempre, los privilegios
para la clase gobernante y para los turistas.-
El fracaso de la cura del cáncer en Cuba
Los avances de la medicina castrista sigue siendo
un mito ya que ni siquiera pudieron salvar a su gran
protector Hugo Chávez


Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com
10 de marzo de 2013


¿Hasta cuándo continuarán repitiendo que en Cuba se cura el
cáncer? ¿Por qué tratan de engañar al mundo diciendo que los
científicos de la Cuba comunista han descubierto la cura contra
la tan terrible enfermedad? ¡Que manera tan cruel de burlarse
y aprovecharse de la desesperación de los enfermos y
familiares!

Y en este viejo mito caen no sólo simples campesinos o
personas ignorantes, también personalidades reconocidas
mundialmente o intelectuales como el escritor chileno Pedro
Lemebel que recientemente viajó a tratarse el cáncer de
laringe que padece.  No les basta saber que si curaran la
enfermedad hubieran salvado a Vilma Espín, la esposa del
tirano II Raúl Castro, que falleció en el 2007 a causa de un
cáncer linfático, o al bailarín y coreógrafo español Antonio
Gades, que pidió que sus cenizas fueran llevadas a Cuba, y
que falleció también por un tumor maligno en el 2004.

Recordemos brevemente el caso de Gladys del Carmen Marín
Millie, quien fue la Secretaria General del Partido Comunista de
Chile, que tras descubrirse que padecía de cáncer en el
cerebro fue a tratarse a Cuba y cuando vio que era mentira la
famosa cura se fue un poco tarde para Suecia, falleciendo el 6
de marzo de 2005, a los 63 años.

También no olvidamos el caso de Pedro Elías Cañas Serrano
alias "Oscar Santos" o "Lucas el Mono", un ingeniero civil
colombiano convertido en jefe guerrillero miembro del
sanguinario Comando Central del Ejército de Liberación
Nacional (ELN) culpable entre otras por la Masacre de
Machuca, (ocurrida el 18 de octubre de 1998), falleció a los 55
años, el 11 de febrero de 2006 en Cuba tras padecer de
cáncer de estómago y esófago y por el que era tratado
médicamente en ese país, y eso que su compañera María
Teresa Gómez, era una doctora graduada de Medicina en
Cuba.
(1)

La prueba más contundente para asegurarse del fracaso de la
cura del cáncer en Cuba es no haber podido sanar el
presidente Hugo Chávez que falleció el 5 de marzo de 2013.
Gracias a Chávez y sus secuaces el sistema totalitario de los
Castro ha sobrevivido los últimos años y exportado mentiras y
terror disfrazado de bondades.

A pesar de los fracasos evidentes con gran despliegue de
propaganda se publicó recientemente en el 2013, que el papá
del actor cubano Julio Camejo, que radica en Chile y que está
padeciendo por 9 meses de cáncer de hígado, pulmones y
colon, se fue a Cuba para atenderse “gratuitamente” con un
tratamiento alternativo basado en veneno de escorpión azul.

Según lo publicado es un producto inscrito con el nombre de
'Escoazul' en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial y es
usado como anti cancerígeno hace más de 10 años. La
propaganda agrega que “La medicina en Cuba, para sus
habitantes, es gratis; por lo que don Antonio puede viajar a su
tierra y ser atendido sin ningún costo. Si un extranjero desea
tratarse con el veneno de escorpión, debe consultar a un
médico que aplique este tratamiento alternativo, el cual cuesta
6 mil pesos; que representa 10 % del costo de una
quimioterapia en México; es decir, 60 mil pesos (cada
aplicación)”.  
(2)

Lo mejor de la propaganda es que dice que el “mágico
medicamento” encapsula las células cancerígenas, evitando la
evolución de la metástasis o extensión de la enfermedad a
otros órganos distantes. Pero por lo que hemos comprobado
es totalmente falso. Por eso es que llevan a Cuba
gratuitamente a enfermos de cáncer, para experimentar y para
propaganda. Les sirven de conejillos de indias, lo que está
prohibido en los lugares donde se respetan los derechos
humanos.

La engañosa publicidad no sólo es para la cura contra el
cáncer, también contra la drogadicción, sin embargo de nada
le valió al futbolista Diego Armando Maradona, su tratamiento
en Cuba, pues se puso peor por eso su familia tuvo que
sacarlo y recluirlo en un centro de Argentina donde resucitó a
la vida. Entonces ¿por qué continúa el engaño de Cuba
castrista? Porque así son los comunistas, por eso no se puede
jamás fiar de ellos.

Otro fracaso de esta “avanzada medicina” son las vacunas
creadas en Cuba. En el año 1997 el gobierno de Chile rechazó
una partida de vacunas cubanas contra la meningitis por no
reunir los parámetros de los organismos internacionales de
salud. En el año 2000 se dio a conocer que Brasil gastó 300
millones en una vacuna contra la meningitis B que no dio
resultados, el estudio se llevó a efecto en el Centro de
Vigilancia Epidemiológica (CVE) del Estado de São Paulo,
Brasil.
(3)

Y todavía andan diciendo que Cuba creó cuatro vacunas
contra diferentes tipos de cáncer, esperemos que no sea como
la de la meningitis que vendieron a Brasil y Chile entre otros
lugares que fueron devueltas por inservibles igualmente la
vacuna cubana Heperprot P, para diabéticos que dicen evita la
amputación de los dedos de los pies, que no se ha podido
aceptar en varios países por falta de estudios apropiados.
(4)

Sólo hay que estar bien informados para no caer en la trampa.
En un lugar donde no han podido erradicar enfermedades
tercermundistas como el dengue y han adquirido nuevas que
ya no existían como el cólera ¿qué les hace pensar que
puedan curar y hasta crear vacunas contra el cáncer y la
diabetes? La base de la medicina es la higiene y en Cuba ni
siquiera mantienen una recogida de basura semanal, por
doquier se tiran escombros y deshechos donde habitan todo
tipo de alimañas y roedores, y las aguas contaminadas
compiten con la escasez de agua potable. En Cuba ni siquiera
hay medicina preventiva, se sabe que el asbesto es un
peligroso cancerígeno y allá se concentra en los techos de las
viviendas y en embases de agua potable, y eso está prohibido
desde hace años en países que cuidan a sus ciudadanos.
(5)
También es de uso cotidiano la grasa sobre procesadas tan
peligrosa, pero por la escasez perenne que mantiene el
gobierno castrista nada dicen a su población permitiendo su
uso continuo en las cafeterías y restaurantes estatales.

Conozco casos muy tristes de padres de algunos buenos
amigos que aunque han estado ingresados en hospitales
especiales en la isla, como el militar o el naval, han tenido
limitaciones para tratamientos tan frecuentes en EE.UU., como
el electro de 24 horas o una prueba de estrés acostado sin
caminar por la estera para personas que no pueden
sostenerse en pie como ancianos y minusválidos y que tantas
vidas ha salvado al detectar el mal cardiaco a tiempo. Que
incluso, cuando se presenta una emergencia no hay un
número 911 donde llamar para que lleguen en breves minutos
los primeros auxilios que previenen males mayores en esta
gran nación americana, porque allá dependen de un transporte
particular que pocos tienen, o de uno gubernamental pero
nada especializado en la medicina moderna. Y si llegas vivo a
la sala de emergencias hay que rezar para que tengan la
medicina eficaz que aliviaría la dolencia. Y si eres dependiente
de oxígeno no puedes estar con el tanque eléctrico en tu casa,
como conozco a tantas personas en este gran país, porque en
el primer apagón (como le llaman a las veces que el gobierno
quita la electricidad), pereces asfixiado. Entre muchas otras
limitaciones.

Que se puede esperar de un gobierno que no pudo salvar a su
gran protector Hugo Chávez, que muchos especialistas del
exterior han comentado las innumerables mala práctica médica
de que fue objeto. Basta saber que para tratar a Fidel Castro
tuvieron que traer al médico español, Dr. José Luis García
Sabrido, jefe del servicio de Cirugía General III del Hospital
Gregorio Marañón de Madrid, que en el 2006 salvó a Castro y
continúa cuidándolo viajando cada seis meses a La Habana.
(6)
De ahí que nos preguntarnos: ¿Por qué será que los médicos
de sus escuelas cubanas no son de su absoluta confianza?
¿Por qué la “potencia médica” de Cuba no pudo evitar que el
tirano en jefe viva incoherente hablando sandeces?

Pobres de los que aún permanecen crédulos aferrados a los
mitos castristas, como esos que viviendo en el país más
avanzado del mundo van a Cuba a tratarse enfermedades,
para que no sólo le roben el dinero, sino lo contaminen con
otras o lo compliquen con los efectos secundarios que
producen sus medicinas. Para colmo sin derecho a reclamar
por mala práctica o negligencia. Y que vergüenza que todavía
medios noticiosos que se precian de veraces publiquen como
ciertos los avances de la medicina en países totalitarios como
Cuba.  ¿Cómo van a curar el cáncer quienes son peores que
la maligna enfermedad?

Fuentes consultadas:
(1)La guerrilla ELN confirma muerte por cáncer de uno de sus jefes
www.caracol.com.co/noticias/actualidad/la-guerrilla-eln-confirma-muerte-
por-cancer-de-uno-de-sus-jefes/20060311/nota/258229.aspx

(2) Don Antonio viajó a Cuba para someterse a un tratamiento a base de
veneno de escorpión
www.tvnotas.com.mx/2013/02/08/C-45753-papa-de-
julio-camejo-enfrenta-el-cancer-con-terapia-alternativa.php

(3) Cuba crea cuatro vacunas contra el cáncer
www.radiopolar.
com/noticia_69974.html

(4)Vacuna cubana contra la meningitis: Ineficacia comprobada, por
Gonzalo Guimaraens.
www.amigospais-guaracabuya.org/oaggg029.php
(5) Exposición al asbesto y el riesgo de cáncer
www.cancer.
gov/espanol/recursos/hojas-informativas/riesgo-causas/asbesto

(6) El médico español que mantiene vivos a Fidel Castro y a Hugo
Chávez
www.periodistadigital.
com/inmigrantes/negocios/2011/07/10/garcia-sabrido-gregorio-maranon-
medico-espanol-tumor-cura-cancer-mantiene-vivos-fidel-castro-hugo-
chavez.shtml


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