ESTAMPAS DE CUBA POR MARIA
ARGELIA VIZCAINO

Los niños Pedro sin Pan
Parte I de II

Se conoce como Operación Pedro Pan a la emigración de menores más
grande de este hemisferio. Entre diciembre de 1960 a octubre de 1962
salieron de Cuba vía Estados Unidos unos 14,048 niños y adolescentes
hasta 18 años de edad, enviados por sus padres para ponerlos a salvo del
sistema comunista. Dicho fríamente sin ningún tipo de análisis parece una
exageración, mucho más con la propaganda que ha generado el sistema
castrista de como protegen a la niñez, pero los niños que fuimos Pedro
sin Pan, los que también íbamos a emigrar bajo esas mismas
circunstancias pero nos quedamos en Cuba gracias a Castro, sabemos de
lo que se salvaron los que se fueron.

Existe un libro conmovedor escrito por Josefina Leyva y titulado
Operación Pedro Pan que relata con exactitud como se llevó a efecto este
éxodo masivo. A fines de noviembre de 1960, algunos miembros de la
Cámara de Comercio Norteamericana en La Habana decidieron trabajar
bajo la guía de Jim Baker, director de la Academia Ruston en dicha
capital, para tratar de ayudar a sus amigos cubanos en la isla, que querían
quitar al gobierno castrista que iba camino al totalitarismo marxista, y la
mejor forma era poner a salvo a sus hijos trayéndolos a Estados Unidos
hasta que Cuba regresara a la democracia. La administración del
presidente Eisenhower fue la que propuso los fondos para traer
inicialmente a 200 de estos niños, pero sólo lo aceptó bajo la condición de
que una organización no gubernamental se responsabilizara de
custodiarlos, y esa entidad fue Catholic Welfare Bureau que dirigía
Monseñor Bryan Walsh. Como más de la mitad no contaban con un
familiar en los Estados Unidos tuvieron que ir a parar a hogares sustitutos
(foster home) o a residir a una escuela religiosa a pupilo hasta que se
restableciera en Cuba el proceso de democratización, o los padres
llegaran meses después, o años, aunque hubo casos extremos que nunca
sus progenitores salieron de la isla y otros aislados que los niños se
fueron de regreso.

El primer niño que llegó solo a Miami fue el 26 de diciembre de 1960, y el
primero que se acogió al refugio que brindaba el Reverendo Padre
irlandés Walsh se llamó Pedro Menéndez, de ahí que se empezó a llamar
por la prensa estadounidense a estos niños de Peter Pan (Pedro Pan).

Tramitar una visa para viajar a Estados Unidos después que el 3 de enero
de 1961 rompe sus relaciones con el gobierno de Castro, era sumamente
difícil, así que para llevar a efecto el plan de los niños Pedro Pan el
Departamento de Estado determinó que bastaría una carta firmada por
Monseñor Walsh para obtener el permiso requerido, de esta forma nació
la famosa Visa Waiver, que tantas personas llegamos a tener en Cuba
como recuerdo del pasado porque nunca pudimos usar, ya que fue
suspendida por el gobierno castrista después de la Crisis de Octubre. El
último vuelo de los niños Pedro Pan salió del aeropuerto internacional de
Rancho Boyeros el 22 de octubre de 1962, no obstante el Departamento
de Estado siguió un tiempo después concediendo visas Waiver. La mía,
mi visa que aún conservo con dignidad y dolor, fue expedida el 16 de
noviembre de 1962, aunque se tramitó varios meses antes, pero al
parecer eran tantas las solicitudes que el personal encargado no daba a
basto.

Nos cuenta la excelente escritora de la revista Contacto Magazine de
California y del semanario Libre de Miami, Aleida Durán en su artículo
«Operación Pedro Pan, 14 mil niños cubanos a Estados Unidos» 27 de
octubre del 2001, que  al Padre Bryan Walsh lo ayudaron unas 300
personas en Miami y un grupo de cubanos como Polita y su hermano
Ramón Grau que «se arriesgaron dentro de Cuba cooperando para hacer
posible aquel masivo éxodo de niños y adolescentes, el cual se llevó a
cabo en silencio», pero siempre la prensa del mundo libre se encarga de
poner al descubierto casi todo lo que beneficia a los comunistas, y estos
valientes hermanos que también ayudaron a salir otros que corrían peligro
dentro del territorio cubano fueron condenados a prisión en 1965.  

Se habla de los sufrimientos que pasaron estos muchachos lejos de sus
padres. Yo me estremezco sólo al imaginar a mis hijos o a mi nieto de 5
años viajando solo y sin saber cuando lo volveríamos ver. Recuerdo a los
judíos de Europa como embarcaban para occidente a sus pequeños en
trenes y barcos, lo entregaban a personas extrañas para ponerlos a salvo
del holocausto que se avecinaba y sólo así entiendo a esos padres
desesperados de entregar su mayor tesoro para que no padecieran lo que
les tocó a ellos. Igualmente le doy las gracias a Dios porque mis hijos no
tuvieron que pasar las penurias que nosotros sus padres nos tocó vivir en
Cuba, ya que tuvieron sus Navidades y escogieron lo que quisieron
estudiar y ser, pero sobre todo, porque se libraron de las terribles
aventuras internacionalistas que tantos hogares desmembró, y a tantas
madres, viudas y huérfanos destrozó.

Debió ser terrible para los niños Pedro Pan el enfrentamiento a un idioma
desconocido, el choque cultural pero sobre todo la lejanía de los seres
queridos y de la tierra que los vio nacer. Cuentan los entrevistados que lo
peor fue la incertidumbre, porque ninguno sabía cuanto le tomaría volver
a ver a los suyos, muchos dejaron a sus padres cumpliendo largas
condenas de prisión por conspirar contra la revolución, otros padres
fueron castigados y secuestrados por el gobierno totalitario y no se les
permitió abandonar el país en largos años. Sinceramente creo que la
experiencia de los niños Pedro Pan fue traumática pero por fortuna la
mayoría lograron rehacer sus vidas, estudiar, se forjaron biculturalmente
y con la riqueza del bilingüismo en una gran nación democrática.

En el prólogo del libro de Josefina Leyva, escrito por Monseñor Bryan
Walsh, recalcaba algo muy interesante refiriéndose a todos esos miles de
niños que emigraron solos: «Ahora que están a la mitad de sus vidas,
ellos se preguntan cómo sus padres pudieron tomar una decisión tan
drástica». Creo que en la próxima parte de esta Estampa podríamos darle
la respuesta.

Parte II de II


En el libro Pedro Pan Operation su autora Yvonne Conde nos muestra
pasajes terribles vividos por miles de los niños cubanos que se acogieron
a este plan, pero al mismo tiempo llega a la conclusión que dejó un
balance positivo.  En sus ocho años de investigación contactó alrededor
1,000 ex niños a los que le envió una encuesta que algunos respondieron
anónimamente, así pudo relatar hechos hasta el momento desconocidos y
verificar que la mayoría llegaron a integrarse a esta sociedad, alcanzaron
el sueño americano, son profesionales y perfectamente bilingües.

Hasta ahora nadie ha efectuado una investigación como esta con los
niños que nos quedamos con la Visa Waiver y no pudimos viajar en
aquella ocasión. De los Pedro Pan se sabe que algunos sufrieron daños
morales y sicológicos, pero de los Pedro Sin Pan ¿qué se ha dicho hasta
ahora a casi 45 años del triunfo de la revolución engañosa?.

Retomemos la historia, ¿quién separó a quien?. Relata Carlos Wotzkow,
desde Viena, Diciembre de 1999 en su artículo «La Familia De Los
Cubanos» http://www.nocastro.com/archives/famcubn.htm: « (...) En la
década del 60, Fidel separó a miles de familias para mandar a sus hijos
(aún niños) a alfabetizar. El plan, que sustituía un proyecto católico que
ya daba magníficos resultados (el 70% de los analfabetos estaban en
camino a dejar de serlo antes de Castro), trajo consigo innumerables
abusos de adolescentes que, en pago a su papel de educadoras,
regresaron a casa embarazadas y sin apoyo estatal que les facilitara
enfrentar su situación de madres solteras».

Poco después, el 26 de noviembre de 1963 se promulga la ley que obliga
a los jóvenes entre 15 a 27 años a ir por tres años al Servicio Militar, que
no importaba que estuvieran estudiando o terminando una carrera; de ahí
crean «las misiones internacionalistas» donde murieron miles de nuestros
muchachos como mercenarios en Angola, Etiopía, Nicaragua, Granada,
etc. Y tantos otros reclutados para exportar nuestra «maravillosa
revolución» por todo el orbe, desde África, Asia, y Latinoamérica, que
aún no se sabe ni donde están enterrados.

La vida perdida de estos infelices a muy pocos les ha importado, a no ser
al que tenga un familiar entre las víctimas. Lo mismo los traumas
sufridos de los que nos tuvimos que quedar y crecer bajo un sistema que
no nos gustaba. Fue una suerte que mi amiguita la Ingeniera Olga
Cordero me enviara una carta que escribió Raquel María a un amigo de
ambas, en la misma, mientras la iba leyendo me parecía estar viendo una
película de mi propia vida: «Se habla de Pedro Pan... pero nada de los que
íbamos a ser de Pedro Pan, pero no vinimos... yo pedí mi Visa Waiver a
los 10 años...». Y la mía me la dieron a los 7 años.

Como entiendo a Raquel María cuando se lamenta: «Crecí sabiendo que
tenía que vivir con una máscara, que no podía hablar de política con
nadie, ni dar mi opinión, pues llevaban a mis padres presos...».
Igualmente cuando nos dice: «Desde muy pequeña crecí oyendo insultos
en la escuela, donde me llamaron gusana, latifundista, imperialista...»
Porque lo tuve que ver muchas veces, como se lo decían a los hijos de
los presos políticos y a los que se mantenían firmes en sus creencias
religiosas, incluso fui acusada de contrarrevolución cuando cursaba el
9no. grado por Diego el maestro de Física, porque según él saboteaba su
clase junto a dos de mis compañeritos (Carlos Cangas y Héctor Cruz);
cuando lo único que hacíamos era las maldades propias de la edad.

Relata Carlos Wotzkow en el referido artículo la historia de Carmen
Gómez  «una niña que no había cumplido todavía 10 años cuando por
aspirar unirse a su familia en Puerto Rico la humillaron en la escuela. Ella,
como otros tantos niños cubanos, también tuvo un padre egoísta que
prefirió la maltrataran antes que dejarla salir de Cuba. Para ella y su
familia el simple deseo de reunificarse significó varios años de burla y de
choteo. Y así, les destrozaron el jardín y pintaron las paredes de su casa
con consignas sin lograr que sus ideas o sus sueños claudicaran. Y los
mantuvieron bajo una verdadera tortura psicológica (sin derecho a la
educación y en prisión social domiciliaria) durante 15 largos años. Pero
ella, adulta ya, consiguió por fin dejar atrás aquel infierno». Esa clase de
abuso infantil no se cuenta ni en Cuba ni en el exterior.

Raquel María tuvo que llegar a extremos de no destacarse como buena
estudiante: «Aprendí a estudiar y a dejar partes de los exámenes en blanco
pues no podía darme el lujo de sacar buenas notas ya que me quería ir del
país y no podía distinguirme en nada...» Yo tampoco quise estudiar,
porque en mi afán de tratar de irme de Cuba no quería que el gobierno me
pusiera la traba de la carrera que me había regalado y que debería pagarle
con los dólares de mi familia en el exterior para que me liberaran, que en
algunos casos ni esto valió como le sucedió al Dr. Joaquinito Espinosa,
de Guanabacoa, que jamás lo dejaron salir aún teniendo esposa e hijos en
EEUU. Por lo que nosotros los Pedro Sin Pan, los que no desistimos en la
idea de irnos a toda costa, no pudimos prepararnos como sí lo hicieron la
mayoría de los que salieron en aquella oportunidad única aunque
reconozco que también traumática.

A los niños Pedro Pan se les inculcaba el amor a Dios, a los que nos
quedamos se nos lavaba constantemente el cerebro para que fuéramos
ateos como el sistema que imperaba en Cuba. A nosotros en el castrismo
nos secuestraron los Reyes Magos, nadie nos regalaba juguetes de uso
como se han quejado algunos niños de los Pedro Pan. No conozco
ningún niño Pedro Sin Pan que haya alcanzado la categoría de un Mel
Martínez el Secretario de Vivienda de la Administración George W. Bush;
ni de los cantantes y compositores como Willy Chirino; su esposa
Lissette Alvarez; Marisela Verenas, y muchos más. Puede que los haya,
hasta ahora nadie ha investigado como Josefina Leyva e Ivonne Conde
este lado. Ojalá se animaran con esta otra parte de la historia más aún
desconocida.

Ambos niños, los Pedro Pan como los Pedro Sin Pan hemos sido una
víctima más del despótico régimen de Castro. De no ser por este
genocida ninguno hubiéramos tenido que sufrir en ambas partes.-
Opiniones sobre este trabajo pueden ser enviadas
escribiendo a mariaargelia@hotmail.com
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Cultura y Tradiciones Cubanas
ESTAMPAS DE CUBA POR
MARIA ARGELIA VIZCAINO

La Ignorancia de los Comunistas
Cada día que pasa siento más pena por los comunistas que
insisten en sus inventos. No puedo evitarlo, en vez de
incomodarme sus diatribas me producen lástima. Es que a estas
alturas con tanto adelanto en las comunicaciones al alcance de
cualquiera que viva en un país demócrata, que tiene acceso
libremente a los archivos de países libres, que ellos estén
repitiendo lo que no existe ni ha existido sólo en sus libros y
prensa controlada, es algo que produce piedad o risa.

A principio de noviembre del 2005 me escribió vía electrónica
un señor que se firmó como Juan, y en el asunto puso "Saludos
desde Cuba". Como no tengo tiempo ni para contestar a mis
amables lectores y amigos, no pude hacerlo tampoco en esta
ocasión con ese compatriota que dice estar en Cuba y le dan el
privilegio de usar Internet, pero como se me quedó pendiente
todo lo que me hubiera gustado decirle, ahora aprovecho la
oportunidad, porque es tema del diario vivir y que suele suceder
de cuando en vez en este mundo cibernético. Así consta en su
texto:

--
"Saludos. Estuve leyendo su trabajo sobre la educación
en Cuba antes de 1959 y realmente me causó pena. En una
intelectual de su nivel, tal análisis peca de falta de
objetividad. ¿Nunca salió usted de Guanabacoa? ¿Nunca
recorrió las zonas rurales de nuestro país? ¿No leyó jamás
los reportajes de Luis Rolando Cabrera en Bohemia antes
de la Revolución? La educación criolla era un desastre, y
usted lo sabe bien. Sí, universidades y escuelas normales,
pero, ¿para quiénes? Por favor, que la justificada añoranza
por su tierra y sus diferencias con el sistema actual cubano
no la hagan perder el sentido de la perspectiva. Pintar a la
Cuba prerrevolucionaria como un paraíso le resta a usted
prestigio como investigadora. Disculpe, pero es así como
pienso. Juan".

Pobre Juan, la más apenada he sido yo, al darme cuenta todo lo
que ignora sobre la verdadera historia de nuestro país.

Empecemos por la primera pregunta:
«¿Nunca salió usted de
Guanabacoa?»
. Sí, mis padres me llevaron a recorrer la isla
desde La Habana hasta El Cobre en el año 1959 y todavía
recuerdo lo que me impresionó aquellas casas bombardeadas
por culpa de la guerrilla fidelista en la región central y en
Oriente. Era cuando no había que pedir permiso para moverse,
ni mostrar carné de identidad y la gasolina no estaba controlada,
y quedaban aún decenas de periódicos independientes al
gobierno que mostraba la capacidad educacional de todo
nuestro pueblo.

«¿Nunca recorrió las zonas rurales de nuestro país?» Por
supuesto, toda mi familia proviene del campo, y solíamos
visitarlos frecuentemente a los que allí residían, que en algunos
lugares jamás les llegó la electricidad, y cuando finalizaba el día,
también se me acababa el encanto que me producía el contacto
directo con la naturaleza, siempre he temido a la oscuridad,
quién me iba a decir que con la revolución castrista, mi zona
urbanizada era la que se quedaría sin electricidad y sin agua
corriente en las tuberías. En vez de progresar, retrocedimos.

«¿No leyó jamás los reportajes de Luis Rolando Cabrera en
Bohemia antes de la Revolución?».
Que desconcierto,
todavía a Juan no le ha llegado la información de lo que se
reportaba en esa revista; el propio dueño,
Miguel Angel
Quevedo
, antes de su suicidio en agosto de 1969, se lo
escribió a su amigo el poeta
Ernesto Montaner, reconociendo
las mentiras que publicaron que sirvió de propaganda nacional e
internacional para proporcionar la esclavización de Cuba, como
los veinte mil muertos atribuidos a Batista. (Lea en esta pagina
la carta referida
pulsando aquí)

Por favor, que la ignorancia sobre la realidad de Cuba no ponga
en tela de juicio lo que de sobra sabemos todos los que no
estamos de espalda a la verdad. Ya lo dice el refrán, no hay
peor ciego que el que no quiere ver. Sé que no soy dueña de la
verdad absoluta pero siempre trato de buscarla y en mi
investigación constante
por fortuna aprendí que todo lo que
se dice en los gobiernos totalitarios son mentiras o
verdades a media, fáciles de descubrir sobre todo cuando
tenemos la libertad a nuestro alcance.
No era por gusto que
teníamos un país que recibía emigrantes en vez de exportarlos
desesperadamente y con tanto riesgo.

Hasta cierto punto trato de entender al infeliz que tiene que
servir a un régimen dictatorial que repita lo se le ordena, porque
si no lo hace pierde el puesto de trabajo, que para el que
penosamente no conoce otra forma de vivir más decente, no
sabe como sobrevivir, además teme las represalias del régimen
si no cumple con lo establecido. El miedo no es ignorancia pero
es su cómplice más cercano.

Los comunistas guiados por los fascistas que son sus hermanos
gemelos, aprendieron que una mentira se convierte en verdad
cuando se repite un número suficiente de veces, como decía
Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler. Lo que
no entienden ellos es que se puede ignorar algo parte de la vida
pero no la vida entera.
Quien se mantenga al margen de la
verdad teniendo a su alcance los medios para averiguarla,
o es un robot que no piensa o es un envidioso que como no
puede lograr para él bienestar y libertad, desea la misma
mediocridad para todos los demás.
Todo el que tenga
sentido común puede reaccionar e indagar hasta descubrir el
engaño.

Bajo los dogmas comunistas han surgido grupos con diferentes
nombres, pero todos caen en lo mismo, ya sea socialismo,
leninismo, estalinismo, fidelismo, chavismo, maonismo,
sandinismo, macheteros, tuparamos, montoneros, etarras, las
Farc, Sendero Luminoso, bolcheviques, izquierdistas, liberales
escondidos en un partido político con otro nombre, etc. Aún
aquellos sin una definición exacta, para no encasillarse, pero que
se la pasan criticando a los que no opinan como ellos,
repitiendo lo que quieren los comunistas que se diga, como que
sus enemigos somos de extrema derecha, recalcitrantes,  
demasiado conservadores, etc. Otros más ingenuos defienden la
no existencia de la Unión Soviética para hacernos creer que el
comunismo ya no existe, estos no quieren darse cuenta la
cantidad de países que aún quedan bajo ese yugo y cuantos
comunistas se están aprovechando de las ventajas de la
democracia para sus maniobras,
porque el comunismo
fracasó, pero no se acabó.
En todos esos países continúa un
sistema de terror, se violan los derechos humanos, se establecen
campos de concentración y trabajos forzados, se controla la
prensa, se impone un partido único y se divide la familia. Estos
gobiernos fracasan económicamente porque la prosperidad es
directamente proporcional a la libertad de mercado, pero son
los capitales de los izquierdistas que residen en democracia los
que lo mantienen además de muchos avariciosos y explotadores
con alma de comunistas sin saberlo.

Mi pobre lector Juan desconoce que anterior a 1959 Cuba no
era lo mejor del mundo, pero tampoco era como Castro nos
enseñó, por algo el peso cubano valía en el mundo entero a la
par del dólar,
TODO EL PUEBLO comía lo que podía no lo
que se imponía, porque tenía a su alcance lo que se
proponía; después de Fidel por qué tendrá la tasa de
suicidios más alta de Latinoamérica, la de abortos y la
más alta de personas que abandonan al país sin regreso,
sin contar como arriesgan la vida en el intento
(ya sé, el
bloqueo, el mismo que acabó con la industria azucarera, y por
el que dejaron de cosechar malanga, yuca, y todas las frutas
nacionales).

Y sobre la educación, para finalizar contestando a Juan:
«La
educación criolla era un desastre, y usted lo sabe bien. Sí,
universidades y escuelas normales, pero, ¿para quiénes?»
.
Eso se lo creen solamente los ignorantes. Castro recogió en
1959 el legado del alza de la alfabetización logrado por la buena
educación GRATUITA que se brindaba a nuestro pueblo
mucho más elevada que países como Italia y España, que Juan
no se ha enterado que estaba en proceso acelerado de llegar a
todos los confines de la isla y que Castro interrumpió para llevar
adoctrinamiento y trasmitir una sola opinión.
Me gustaría que
me respondiera estas preguntas al revés ¿para quien es la
educación castrista, para quienes la Internet, los hoteles
turísticos, las mejores playas, las visitas a los cayos
cubanos, las vacaciones al extranjero, los cotos de caza, la
venta de un auto nuevo, el consumo de carne de res, de
mariscos, la salida definitiva y tantas cosas vedadas a la
población que cuando Batista nadie sentía faltaba en
exceso?

¿Se dan cuenta lo ignorante que es ser comunista? Su
desconocimiento más evidente radica, en que ellos son tan
autosuficientes insuficientes para inventar informes rehaciendo la
historia a su conveniencia e imaginarse que todos tenemos que
creerlo, sin darse cuenta que existe un mundo libre, con
personas pensantes con cerebro propio que tenemos a nuestro
alcance la verdad y aún dentro de la cortina de hierro, a los que
tratan de lavar el cerebro, llega el momento que se dan cuenta
de sus falacias.

Evidentemente el que no ha podido salir de su pueblo es Juan, o
mejor dicho, está en el pueblo y no ve las casas.
A todos los
comunistas les recomiendo que aprendan de una vez la
verdadera historia de Cuba para que no hagan más el
ridículo diciendo lo que no es.
(Disculpe Juan, es así como
pienso de los alabarderos del régimen como usted).-
Envio por Manuel Gutiérrez
***Un amigo Pedro Pan me envió esto hace tiempo. Es interesante compartirla. No somos los únicos que clamamos que Fifo habiase limpiado
en la “patria potestad” y nos iba a enviar a “alfabetizar” a las montañas, al campo, o a Rusia. Aquellos que siguen diciendo que la Operación
Pedro Pan fue un truco del CIA para joder a Castro, y que lo de la “patria potestad” era una bola y que nuestros padres actuaron como
actuaron por pánico, que noten que una persona fina, culta y que no era parte del “truco del CIA” también sabía lo del cese de la “patria
potestad”. Mucho antes de que el CIA nos “raptara”. Ja!
Manny

El olfato me absolverá. ....

Histórica carta de la condesa de Revilla Camargo a Fidel Castro

A principios de la revolución comunista de Fidel Castro, una de sus prioridades -quizás la más importante para él y sus sicarios- fue la de apoderarse
de las mansiones, los negocios y el dinero de la clase rica, cuya inmensa mayoría había hecho su fortuna trabajando toda su vida, administrando
inteligentemente sus bienes para que éstos crecieran y cumpliendo con los preceptos que la ley exige. A Castro nada de esto le importó. Se
expropiaron sus negocios y cuentas bancarias, se confiscaron sus casas y la que antes fue la clase adinerada del país tuvo que marchar al destierro
y empezar de nuevo sus vidas, que gran parte de ellos la hicieron de nuevo próspera, gracias a sus esfuerzos y talento. En la revista “Bohemia” de
ese primer año de la “robolución”, apareció un reportaje, gráfico y escrito, donde se describía con fotos y palabras el asalto a la mansión de la
condesa de Revilla Camargo, destrozando sus paredes para tratar de encontrar “tesoros escondidos” y “riquezas ocultas”. ¡Acabaron con la mansión!
Ya en el destierro, la condesa, a través de la columna del poeta Ernesto Montaner, ya fallecido, en un periódico en español de Miami publicó una carta
abierta a Fidel Castro que, como decimos los cubanos y la propia autora en su carta: “No tiene desperdicio”. Hoy, en lugar de mi columna, la he
sacado de mis archivos y la pongo a disposición de mis lectores, para que los cubanos que llegaron al destierro después de su publicación puedan
enterarse de la misma.
(Periodista desconocido hasta el momento, pensamos que fue escrito por José Ignacio Rivero)

Doctor Fidel Castro:
Fíjese que le digo “doctor” en vez de “señor”. Y no se asombre. Estoy dispuesta a llamarle “Premier”, “Comandante”, “Presidente”
y todo eso a lo que, de un modo u otro, “se llega”. Pero jamás le diría “señor”, porque a eso no “se llega”, se nace.
Y usted no nació señor, doctor. Esta última coma lo explica todo; desde su inferioridad congénita hasta la destrucción de nuestra
Patria. Porque las comas, doctor, tienen demasiada importancia en nuestro lenguaje; ese mismo lenguaje que usted estropea y
destruye con idéntica crueldad con que destruye y estropea las demás cosas. Pero observe que una coma mal colocada, puede
transformar no sólo la Gramática, sino hasta la Historia, puesto que si en vez de decir: “y usted no nació señor, doctor”, dijera “y
usted no, nació señor, doctor”, estaría ofendiendo a los señores, a Cuba y a Dios, Nuestro Señor.
Y ya, con las comas y los puntos en su sitio, pasemos a tratar sobre un tema que a usted le enfurece y a mí me entretiene y hasta
me divierte: la crónica social.
La otra noche la emprendió usted contra los cronistas y contra la sociedad. Sobre todo, contra la sociedad. Se explica: ese es el
único “latifundio” destruido y confiscado sin perjuicio de su familia.
¡Oh, ese odio suyo a la sociedad! Es irreconciliable. ¿Cómo se puede andar por la vida con tanto odio a cuestas? Es
incomprensible. Y más aún en quien ¬como usted- ha tenido que escalar, porque todo lo ha obtenido escalando y trepando. ¿No
le pesaba demasiado el odio? ¿No le estorbaba? Pregunta ingenua. No le estorbaba. De haberle estorbado, lo habría suprimido.
Como ha suprimido cuanto le ha estorbado. Desde Camilo Cienfuegos, hasta la “patria potestad” que, de hecho, ya está
suprimida, o trasladada como “función social” del estado.
Usted, doctor, lo odia todo. Pero es lógico: odia lo que nunca tuvo y nunca tuvo nada. Si no me inspirara tanta repugnancia
sentiría por usted una profunda lástima y hasta humana compasión. ¡Si se viera! ¡Es tan abominable! Es tan repulsivo que ha
logrado que la humanidad llegara a sentir por usted lo que usted siempre ha sentido por la humanidad: asco, repulsión y
desprecio.
Por eso, la otra noche, cuando desbarrando bajo la lluvia ¬porque llovía torrencialmente- usted lanzaba contra la sociedad
cubana los dardos envenenados de sus insultos y calumnias, hube de transportarme, ¬transporte mental, no se haga ilusiones- a
mi residencia del Vedado, robada y tiznada por el” Premier Alí Babá y sus cuarenta mil ladrones”.
Y eché a volar la imaginación. Lo vi a usted, en mi mesa, con seis milicianas, dos rusos, un chino, -el chino no era Kuchilán- dos
checoslovacos y Almeida. Comiendo al estilo ruso, de la Rusia de hoy, donde todas las groserías están previstas. No a la rusa,
como siempre se sirvió mi mesa, que era el estilo fino y elegante de la Rusia aristocrática y tradicional, cuyas elevadas
costumbres no murieron bajo la metralla criminal que exterminó al Zar y a toda su familia.
Los vi metiendo las manos en los platos de caviar y llevándolas a las grandes bocas insaciables, tratando de limpiarse después,
bocas y manos, en el mantel.
También vi a la plebe, con su jefe nato presidiendo la mesa, tomarse mi champán. El champán de mis bodegas. Y no lo sorbían,
lo volcaban sobre las fauces, como si lo arrojaran al vertedero.
Los comentarios de los alfabetizadores no tenían desperdicios. Una de las milicianas decía:
-Esas “bolitas” (caviar) no me gustan. Parecen uvitas con sabor a pescado.

Y otro remataba:
-Yo quiero cerveza o ron. “Esto” está muy amargo. Pa’mí que esta sidra se ha echao a perder con tanto tiempo guardada ahí.
Almeida aprovechó para poner el diálogo en su salsa:
-La verdá, compañero Fidel, yo prefiero la carne con papas y los huevos fritos con arroz. En estas comidas “fistas” se queda uno
como si no hubiera comido.
Y usted no dijo nada, Fidel, porque decir algo le hubiese llevado mucho tiempo. Porque uno de los rusos se lo hubiera tenido que
traducir al compañero ruso, a los compañeros checos y al compañero chino. Y eso le iba a embargar demasiado el tiempo que
usted necesitaba para algo que advertí en sus ojos: el propósito de salir de allí, lo más pronto posible, para sumergirse en una
fonda de chinos y “banquetearse” con un suculento plato de arroz frito, con chop suy y mariposas fritas.
No se extrañe, doctor Castro, “gato no come tomates”. Y la chusma ¬como si pesara sobre ella una maldición- es alérgica al
champán, al caviar, a la mantelería de hilo y las cristalerías de “Bohemia” o de “baccarat”.
Por eso mi casa le es tan adversa a usted y los suyos, como los suyos y usted, a mi casa.
Es una consecuencia lógica. Y hasta una represalia justa.
A mí me da náuseas su peste. Y a usted mi perfume.El olfato me absolverá.
Usted me lo ha robado todo. Usted ha detentado mi casa. Usted ha convertido mi residencia en un chiquero.
¡Ah, pero en el pecado lleva la penitencia!
En mi casa -donde quiera- hay cosas finas y olor a limpio y a decencia.
¿Se asustó la primera vez que entró en ella, verdad? ¡Vea usted mi venganza!
Todos los ladrones, cuando entran en una casa, asustan a los dueños de la casa. Y esa es mi venganza: usted es el único ladrón
que al entrar ha sido el asustado.
¿Le parece poca mi venganza?
A mi, Dios me perdone, me parece excesivamente cruel.
De usted, con todo mi perfume.
Condesa de Revilla Camargo.

Nota de www.mariaargeliavizcaino.com: María Luisa Gómez Mena, condesa de Revilla Camargo, fue considerada una mecenas de las artes
porque adquirió para la decoración de su casa famosas obras europeas del periodo comprendido entre el siglo XVI y principios del XX. La casa
le fue decomisada por los castristas y convertida después el 24 de julio de 1964 en Museo de Artes Decorativas.

Esta carta aparece tambien en el blogs
http://freetalk.nomadlife.org/2006/04/21-new-messages-in-19-topics-digest.html. Date: Thurs, Apr 13
2006 1:10 am. From: "PM"
e-mail  -    mariaargelia@hotmail.com
Copyright © 2010 María Argelia Vizcaíno
Si desea leer el artículo traducido al inglés por Oscar B.
Pichardo and Manuel A. Gutierrez puede visitar
www.cubankids1960.com/id32.html