ESTAMPAS DE CUBA POR
MARIA ARGELIA VIZCAINO

Los precursores de la telenovela
Nunca entenderé por qué los cubanos somos tan consecuentemente
víctimas de los olvidadizos, mal investigadores, o escritores mediocres,
porque cuando se trata de reconocer nuestro aporte, nuestras premisas,
nuestra creatividad, nuestra verdadera historia, lo evitan o lamentablemente
no encuentran la información correcta. Tal es el caso de la historia de la
telenovela latinoamericana, que algunos se han empeñado en desaparecer
la huella cubana, sin embargo, fuimos los pioneros en esta industria de la
lágrima.

En un artículo del Sr. Mario Villanueva para la Revista Digital Opera Mundi, del
31 de diciembre del 2000 con el título «Minas de Oro: El Melodrama, la
telenovela en América y su nacimiento en México», ha dicho categóricamente
que el «antecesor inmediato» de la telenovela mexicana es el folletín francés,
«que floreció en el siglo XIX,  se inició con la publicación en el diario Le
Siécle». También tiene como que «es el origen más claro» de las telenovelas
mexicanas el género llamado «Soup Opera» (Obras de Jabón) que en los
Estados Unidos llamaron así porque la patrocinaban las compañías de
fabricantes de jabón y detergentes de a principio de la década de 1930, pero
no menciona la influencia directa que ejercieron las novelas televisadas en
Cuba desde 1952, por lo que es una pena que afirme que Don «Emilio
Azcárraga Vidaurreta, tras comprobar el buen funcionamiento de las
radionovelas en la XEW --y recibir sus frutos monetarios-- decidió aventurarse
con la realización de la primera propiamente dicha telenovela mexicana»
titulada Senda Prohibida, de la escritora (cubana) Fernanda Villeli, porque
realmente si eso ocurrió fue gracias a la amistad de Azcárraga con el
magnate de la TV en Cuba el Sr. Goar Mestre y comprobar el éxito de las
novelas televisadas en nuestro país.

Hablando de antecedentes parecidos, pero sin omitir la historia real, leímos
en el Diario El Nacional de Caracas Venezuela, con fecha 22 de septiembre
de 1996, el artículo Senderos de Amor Prolífico,del documentado periodista
Carlos Eduardo Colina que destaca «que existe el consenso» de identificar
como antecedente de las telenovelas el  folletín que la prensa europea del
siglo XIX comenzó con novelas de escritores famosos incorporando
fragmentos, para «incrementar el número de lectores». También nos aclara
que «en general, diversos autores también señalan la narración oral como
lejana precursora del género. Paradójicamente, la oralidad tiene una
importancia fundamental en las telenovelas. Es así que encontramos las
lecturas en voz alta que algunos monjes hacían en los refectorios de los
conventos o, en latinoamérica, específicamente en la Cuba decimonónica,
lecturas del mismo tipo, primero en las cárceles y luego en los talleres de
tabaquerías».

Pero Rosendo Rosell, que posee la biblia de la radio y televisión en nuestro
país con sus enciclopédicos libros Vida y Milagros de la Farándula en Cuba,
del que ya lleva cinco tomos, en este último nos da a entender que el lector
de Escogida y Tabaquería es uno de los pioneros locutores, que él, que fue
primero un apartador de tabaco, comenzó su larga carrera artística leyendo
«a las 300 apartadoras de tabaco, en la escogida No. Uno, de José María
Rouco de Placetas, sin micrófono y a toda voz, las noticias del periódico, los
artículos interesantes, valores humanos, etc., y en la segunda media hora,
leíamos los capítulos que cupieran de alguna novela que resultara
interesantute».

Sin menospreciar el mérito que los mexicanos han obtenido en la industria
de la radio, TV, cine y teatro, la historia nos cuenta que cuando ellos en 1958
inician por primera vez la transmisión de la telenovela, ya Cuba tenía seis
años de haber estrenado la primera de esta índole. Esto se debía a que la
mayor de las Antillas ocupaba el primer lugar en Latinoamérica en
telerreceptores con uno por cada veinticinco habitantes, por encima del país
azteca que tenía un televisor por cada cincuenta y ocho habitantes, y a que
fuimos los primeros, después de Estados Unidos, en crear una planta
transmisora de radio, en tener en 1958 la máquina de video tape que
sustituye el kineskopio y permite grabar y editar programas, aunque en
México la adquirieron un año después.

El destacado periodista Enrique C. Betancourt en su libro Apuntes para la
Historia nos cuenta los antecedentes a esta historia: «El primero de
noviembre de 1920 el ingeniero norteamericano Frank Conrad, utilizó por
primera vez las ondas etéreas (mundialmente hablando) iniciando un
programa musical, con discos, por la emisora KDKA, desde Pittsburg,
Pennsylvania, propiedad de Westinghouse, y también desde la misma ciudad
de Pittsburg, inauguró la WJZ. El 10 de octubre de 1922, la Cuban Telephone
Company comenzó; con un soberbio programa, la radiodifusión desde La
Habana». Sólo dos años después de Estados Unidos, incluso, antes de
Inglaterra que su primera trasnmisión de radio tuvo lugar el 23 de febrero de
1925.

Al principio de la radio, solo se programaba mucha música, en su mayoría de
discos que en aquellos años «salían defectuosos, sumados a la estática
atmosférica, las transmisiones era una sinfonía de ruidos», por eso en
algunas estaciones idearon transmitir «sketchs» y adaptaciones de obras
literarias de renombre, igualmente se adaptaban cuentos para niños y se
escenificaban con derroche de talento. En la provincia de Oriente,
específicamente en la emisora CMKC de Santiago de Cuba, el polifacético
periodista, poeta, compositor, escritor, escultor y pintor Felix B. Caignet,
comenzó a radiar cuentos de su inspiración hasta que escribió el libreto de
su obra Chan Li Pó, que fue la primera radionovela que triunfó en todo el país.
Porque fue tanto el éxito, que tuvo que mudarse para La Habana, para desde
allí seguir escribiendo los nuevos capítulos y transmitirla para todo el
archipiélago cubano. A esto se le llamó radio-teatro, porque como dice
Betancourt sirvió de fuente de trabajo para muchos actores teatrales.

También Enrique Betancourt da como fecha el 2 de mayo de 1931 como la
del comienzo del Radio-Teatro-Cubano, a través del programa La Hora
Múltiple «de la emisora CMX, Casa Lavín (antigua 2-LP de Papá Lavín) (...)
luego transmitió por la CMW, para inaugurar su Gran Teatro Radiofónico».
Especificando que a «Luis Aragón Dulzaides, Conchita Nogara (su esposa) y
Enriqueta Sierra, cúpoles el honor de introducir la novela radial».

El éxito de sintonía de la radio-novela Chan Lí Pó el propio autor, Felix B.
Caignet, lo superó con su obra cumbre «El Derecho de Nacer» que ha sido
incluso la novela que más se ha radiado, televisado, he interpretado en el
cine, hasta nuestros días en todas partes del mundo. Los primeros
protagonistas fueron María Valero y Carlos Badías, según nos cuenta
Rosendo Rosell en su enjundioso libro «Vida y Milagros de la Farándula en
Cuba» Tomo IV. Y especifica que se estrenó en Cuba en 1946 por los
micrófonos de la CMQ, en Monte y Prado. Carlos Badías, quien interpretó a
Albertico Limonta, fue primero nada menos que «el narrador de los episodios
detectivescos de Chan Li Pó, protagonizados por Aníbal de Mar»; María Valero
interpretó a Isabel Cristina, que lamentablemente «cuando aquella serie
contaba con la más increíble radioaudiencia que haya conocido jamás un
programa de radio en América Latina, murió de un modo absurdo,
atropellada por un automóvil en la Avenida del Puerto, en una trágica noche
del mes de noviembre de 1948». Y concluye Rosell la nota, que para seguir la
novela asignaron su papel a la actriz Minín Bujones, «continuando el éxito sin
precedentes de El Derecho de Nacer».

Otra gran radionovela cubana fue «Los tres Villalobos» escrita por Armando
Couto y transmitida desde 1943 hasta 1961 en que fue intervenida la Cadena
Azul por el gobierno totalitario de Castro. Batió todas las marcas de la isla en
cuanto a audiencia como al tiempo que se mantuvo en el aire. Su emisión
duró más de 18 años ininterrumpidos. Un poco antes, en 1941, Couto tuvo
otro gran éxito con Tamakún El Vengador Errante, bajo la serie La Isla de los
Hombres Perdidos.

También Enrique C. Betancourt en su libro Apuntes para la Historia nos relata
como antecedentes de la televisión que fue creada gracias al ingenio de John
Legie Bair (1888-1946) tan pronto como el año de 1926, pero no fue hasta
pasada la Segunda Guerra Mundial que se pudo expandir por el mundo,
debido a los conflictos bélicos y a la debilidad económica de las naciones
más poderosas del orbe que su prioridad era obtener la paz. El doblemente
pionero de la TV en Cuba fue Gaspar Pumarejo, nacido en Santander,
España y criado en nuestro país, que gracias a su tenacidad y esfuerzo logró
la primera transmisión de nuestra nación el 24 de octubre de 1950, fecha que
se celebraba el Día de Periodista Cubano, por la Empresa Unión-Radio-
CMBF-Canal 4. Pumarejo creó además en 1958 «la primera planta de video
policromo de la América Latina» al inaugurar la TV en colores por el canal 12,
en otra fecha señalada, el 24 de febrero de 1958 (Grito de Baire, cuando se
inició en 1895 la Guerra de Independencia dirigida por José Martí). Esta
transmisión contaba con 18 horas de noticias bajo la dirección de uno de
nuestro mejores periodistas de siempre, Agustín Tamargo.

Cuba no sólo se adelantó a todos sus hermanos latinoamericanos, también
a países europeos como Suiza que vino a trasmitir con estabilidad en 1954 y
a España en 1956.

Acertadamente el periodista Carlos Eduardo Colina nos recuerda que a solo
dos años del inicio de la TV en Cuba «comenzó en la CMQ, a la una de la
tarde, un programa denominado La Novela de la Televisión, con el título
Senderos de Amor, la primera telenovela escrita en latinoamérica. La autoría
pertenecía a Mario Barral y fue protagonizada por Adela Escartín y Armando
Bianchi. Se inician de esta forma las llamadas novelas de continuidad,
principalmente en las manos de Félix B. Caignet, Inés Rodeña y Delia Fiallo.
Posteriormente, la revolución castrista provocará la estampida hacia afuera
de la mayoría de los integrantes de la CMQ cubana».

Todo esto queda corroborado por Rosell en el tomo número tres de su
enciclopedia farandulera: «Estas telenovelas taaaaaaaannnn populares
actualmente, se iniciaron en Cuba, siendo Mario Barral el director en 1952 de
La Novela en Televisión, en los estudios de Radiocentro». Y agrega lo más
interesante para que historiadores de la telenovela mexicana como Mario
Villanueva tomen nota: «Azcárraga, por su amistad con Goar Mestre, le puso a
su emisora mexicana Televicentro, parodiando a Radiocentro de La Habana
republicana, y con los planos cedidos por el magnate cubano. De no haber
sido por la desgracia que le cayó a Cuba, esta sería hoy, la productora más
importante de espectáculos radiales y televisivos».

En sus libros Rosell nos conduce por un Mundo de Estrellas fascinante como
es el nombre de su columna en el Diario las Américas, todo aquel que le
interese adquirir el quinto volumen de su obra, según leí en La Voz Libre que
dirige el cubanísimo Angel Prada, puede enviar un cheque o giro postal por
$29.00 US dólar a Rosendo Rosell, P.O. Box 414478, Miami, Fl, 33141. En el
mismo aprendí que otro de los antecedentes de la telenovela cubana lo dio la
TV de nuestro país al transmitir el primer programa dramático que se llamó
Tensión por el canal 6 de la CMQ, que fueron los protagonistas Carlos
Badías, su esposa Eva Vázquez, José de San Antón, Margarita Prieto y
Gaspar de Santelices. Por lo que pienso que las telenovelas, ya sean
cubanas o mexicanas no tienen nada que ver con los folletines, ni con las
Obras de Jabón norteamericanas porque estas últimas duran décadas
siguiendo la vida de un personaje y la telenovela cuenta con un límite de
tiempo, es más parecida a una radionovela llevada a la TV.

Escritores de radio y telenovelas de aquellos primeros años que deleitaron al
oyente con sus buenos libretos nos lo recuerda Rosell en el tomo V de su
obra, entre los que se destacan además de Caignet y Couto, Iris Dávila;
López del Rincón; José Sánchez Arcilla; Olga Ruilópez; José Obelleiro
Carbajal. Igualmente en el tomo IV  he leído que en 1957 Mercedes Antón
escribía para TV-CMQ la Historia de Tres Hermanas; Félix Pita Rodríguez trajo
a las 5 de la tarde el espacio Amor de Adolescentes; Hilda Morales de Allouis
entró en la programación con su novela Flor de las Nieves; a las tres de la
tarde Antonio Losada tenía en el aire su novela El Bastardo; en las mismas
ondas de CMQ estaba la radionovela de Rubén Romeu El Precio de un
Pecado; del escritor y famoso poeta  José Angel Buesa estaba La Hija del
Odio, y así en otras emisoras de las que ya en ese año eran más de veinte
AM por toda la isla.

Cuba fue una gran incubadora de escritores radiales y televisivos, y los
mayores éxitos mundiales de telenovelas de la actualidad han sido escritos o
adaptados por compatriotas nuestros. Desde Caignet, considerado el padre
de esta industria porque su obra El Derecho de Nacer fue la que «le dio la luz
a la telenovela internacional» como ha escrito el periodista Charles Cotayo,
para El Nuevo Herald; hasta Fernada Villeli, Delia Fiallo, René Muñoz, Inés
Rodeña y Caridad Bravo Adams. Esta última aunque nació en Villahermosa,
Tabasco, México, era hija de actores cubanos y fueron sus primos los del
famoso clan de artistas de apellido Martínez Casado (los hermanos Mario,
Juan José, Martha, Luis Manuel, Luisita y Víctor Martínez Casado Adams, hijos
de su tía la primera actriz Celia Adams), además, aunque en la década de
1930 radicó en México dedicada al periodismo cultural y la actuación, al
regresar a Cuba fue que inició su carrera al presentar su radionovela Yo no
creo en los hombres, posteriormente le siguieron unas novelas históricas
basadas en la vida de Antonio Maceo y la historia de Ignacio Agramonte,
héroes de la independencia de Cuba. Después de 1959, aprovechó su
ciudadanía mexicana para emigrar de Cuba en busca de libertad de
expresión, y es gracias a México que sus obras conocen la
internacionalización: La Mentira (de 1950), Cita con la muerte (1962), Bodas
de Odio (1960), Lo imperdonable, Nuestro Amor (1975), Corazón Salvaje
(1966 y en 1993), Paraíso Maldito (1984), Cañaveral de Pasiones, Pecado
Mortal, etc.

La Reina de la Telenovela como suelen llamar a Delia Fiallo nació en Cuba,
se graduó de doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y
ganó el premio internacional de cuentos Hernández Catá en el año 1948.
Desde 1951 comenzó a escribir para radio y televisión, especialmente un
programa de aventuras policíacas que transmitía Telemundo Canal 2. En
1966, bajo fuertes obstáculos finalmente pudo exiliarse en Miami junto a su
esposo y sus cinco hijos, donde comenzó a escribir en 1967 sus novelas
para la TV de Venezuela, obteniendo logros inmediatos con Lucecita, La
Señorita Elena, Esmeralda, Leonela I (1983) y Leonela II (1984), Topacio,
Cristal (1985), Atrévete (1985), Kasandra, que posteriormente se han
regrabado en otros países como México y Perú hasta con distintos nombres
pero con el mismo éxito de audiencia. Según leí en la revista Contacto
Magazine en: www.contactomagazine.com/biografías01.htm, las estadísticas
más recientes de sus telenovelas reflejan que «son vistas por mil
seiscientos millones de personas de todo el mundo». Doña Fiallo es la
pionera de la creación de las grabaciones de telenovelas de éxito mundial en
la ciudad de Miami en la década de 1990, como Marielena, Guadalupe y
Morelia.

Nuestro gran actor René Muñoz, conocido por Fray Escoba, personaje que
encarnó para el cine español en 1961 sobre la vida del San Martín de Porres,
nació en La Habana y después de su corta carrera por España, se mudó para
México donde trabajó para la pantalla grande y la chica, y sobre todo se
especializó en adaptar libretos para telenovelas con el gran éxito como fueron
Abrázame fuerte (de Caridad Bravo Adams), Mi pequeña Soledad (original de
Jorge Lozano Soriano), Más allá del puente, De frente al sol, Te sigo amando,
entre otras.

A nuestra Fernanda Villeli le cabe el honor de escribir la primera telenovela
que se hizo en México en 1958 titulada Senda Prohibida, que ya había sido en
éxito radial y que la misma autora adaptó para estrenar en TV, pero además
su novela El Precio del Cielo, fue la primera que en ese país se graba en
kinescopio transmitiéndose del 13 de agosto al 12 de octubre de 1959,
permitiendo que al hacerse copias de la misma se pudiera enviar al interior
de la nación y otros países. Por si fuera poco la señora Villeli escribió novelas
de éxito como Obsesión, Extraños caminos del amor, El Diario de Daniela
(1998), El Maleficio (1983), que es considerada la primera telenovela que
atrajo la audiencia masculina. Y ha trabajado en innumerables adaptaciones
como el cuarto guión de El Derecho de Nacer, que es la segunda vez que lo
adapta y que lo actualizó acorde a la época en que vivimos.

La escritora cubana Inés Rodeña es más conocida por el público de
Venezuela sin embargo, ha obtenido logros incontables en México con sus
obras como: Los ricos también lloran (1979), que fue la primera telenovela en
dar un salto internacional a países que no hablan español; Rosa Salvaje
(1988); Valentina; La Usurpadora; La Dueña (1995); MariMar; Camila; María
José; Pobre Señorita Limantur; Mujer bonita; Por un beso; María Mercedes,
etc.

      Respetamos a los
    creadores mexicanos, a
    su seguidores que han
    continuado con los éxitos
    internacionales con su
    gran industria de la
    telenovela y admiramos
    sus acertados triunfos y
    superación constante con
    que han trabajado, pero
    no podemos permitir que
    se omita de su historia la
    participación y
    colaboración de los
    cubanos, que en realidad
    han sido los verdaderos
    precursores de este
    género televisado en toda
    latinoamérica. Decir esta
    verdad no debe provocar
    pleitos entre hermanos,
    no lo merita, pero por algo
    dijo Benito Juárez, ese
    gran prócer mexicano: El
    respeto al derecho ajeno
    es la paz.-
    www.mariaargeliavizcaino.
    com

Opiniones sobre este trabajo pueden ser enviadas escribiendo
a mariaargelia@hotmail.com
***Saturday, May 27, 2006 7:06 PM
Referente al artículo sobre las telenovelas yo escuché a Silvia Pinal en una entrevista hay uno o dos años, que
decía que ella cuando comenzó la televisión en Méjico había ido a Cuba a aprender la técnica de los cubanos.
Desgraciadamente lo único que no ha podido destruir el engendro de maldad y robarnos los otros países, son las
bellezas naturales. Aunque no dudo que un día traten de venderlas.
Lily
«Azcárraga, por su amistad con Goar
Mestre, le puso a su emisora mexicana
Televicentro, parodiando a Radiocentro de
La Habana republicana, y con los planos
cedidos por el magnate cubano. De no
haber sido por la desgracia que le cayó a
Cuba, esta sería hoy, la productora más
importante de espectáculos radiales y
televisivos»
. (En la foto al frente el edificio
de Radiocentro y detrás CMQ, Vedado, La
Habana)
Mis recuerdos de la televisión
en Cuba
Por Waldo Fernández

Aunque no soy tan mayor, la televisión en Cuba y
yo tenemos, puede decirse, la misma edad, y
crecimos juntos pues en mi casa hubo televisor
desde muy temprano. Un lector me pide, desde
Hialeah, que escriba sobre sus orígenes en la Isla y
me vienen a la mente recuerdos de cuando ella y yo
éramos niños.

El primero es el de La escuelita de Rosendo Rosell,
programa infantil que transmitía en las tardes el
Canal 11, con estudios en el edificio de cúpulas que
todavía existe a la salida del puente Almendares,
sobre la senda izquierda según se avanza desde el
Vedado hacia Marianao.

Una televisora que duró lo que un decir amén. Allí,
en aquella Escuelita obtuve yo el primero de los
premios que gané en mi vida: una caja espléndida de
lápices de colores. Vinieron después, con los años,
las visitas a Escuela de Televisión, el espacio
nocturno que el avispado Gaspar Pumarejo
arrendaba en el Canal 2, propiedad de Amadeo
Barletta, dueño además del periódico El Mundo.
Tenía sus estudios en Prado, en lo que fuera una
sala cinematográfica y cuyo lugar exacto no soy
capaz de precisar ahora pese a que acudí (me
llevaron) allí varias veces.

Pero de la Escuela de Televisión sí recuerdo el
choripán de Pumarejo, aquellos panes con chorizo
que el empresario repartía, siempre frente a la
cámara, entre los asistentes al estudio y que por
supuesto llegaban solo a las manos de unos pocos.
No creo haberme empatado con ninguno.

De las transmisiones televisivas del boxeo
profesional tengo memoria de los enfrentamientos
entre Ciro Morasén y Puppy García, rivales en el
peso de las 126 libras.

La afición seguía sus peleas sin perderse un solo
puñetazo. Puppy tenía un punto flojo: las cejas.
Parecían de cristal. Y como sus contrarios lo sabían
era por ahí por donde más lo castigaban. En una de
esas peleas, Morasén ganó de calle, pero la decisión
de los jueces dió el triunfo a Puppy. Entonces
Armando Alejandre, mánager del boxeador
contrario, sacó una pistola. Como el dinero de las
apuestas estaba sato en el Coliseo, sus tiros al aire
dieron origen a una balacera que metía miedo y
obligó a ambos púgiles, a pesar de sus diferencias
en la lona, a buscar refugio bajo el ring. Allí, con
pies ligeros, fue a hacerles compañía el narrador
Fernandito Menéndez. En un combate posterior,
Puppy derrotó a Morasén. Y esa vez fue de verdad.
Le centró un puñetazo en el pecho que lo hizo caer
hacia atrás más tieso que un palo. Parecía haber
muerto. No, no lo estaba, pero había visto la muerte
cerca. Esa misma noche Morasén anunció su
retirada del deporte de los puños. (Esto me lo
contaron)

LOS MARCIANOS LLEGARON YA
Pero de esos años iniciales de la Televisión cubana,
ningún recuerdo tan vívido e impactante como el de
la llegada de los marcianos. Ni más ni menos. Un
platillo volador, de los que tanto se hablaba en
aquellos días, vino a La Habana a visitarnos. Se
estrenaba en Cuba la famosa película El Dia que se
paralizo la Tierra, y muchas mas de este género y
ya el cubano veía marcianos por doquier. Debió
haber sido un sábado, porque no había clases. O un
día de vacaciones, aquellas del verano que parecían
eternas. La noticia corría de boca en boca y pronto
se supo que la Televisión, en vivo y en detalle,
transmitía el acontecimiento que llenaba de temor al
país entero. Tan pronto había empezado a clarear,
un OVNI había sido detectado en los terrenos de lo
que es hoy la Ciudad Deportiva.

Poco a poco se amontonaban los curiosos. La
gente, por momentos, parecía perder el miedo y se
acercaba al platillo. Se dejaba escuchar entonces un
ruido como de una sierra que imponía respeto a los
curiosos, pero que no les hacía alejarse del lugar.
Cuando el sonido era como de hormigas que
devoraban lo que encontraban a su paso, la gente no
lo resistía y ponía pies en polvorosa.
La Policía, al fin, acordonó el sitio y sus efectivos,
provistos muchos de ellos de ametralladoras de
trípode, tomaron posesión del lugar. La batalla podía
comenzar en cualquier momento pues se hablaba de
cañonear el objeto no identificado.
Pero nadie se ponía de acuerdo hasta que el Ejército,
que también se hizo presente, anunció la
determinación de asaltar la nave.

Y ahí mismo se destapó el gallo, porque de aquel
platillo volador salió, con su meneíto, Marta Véliz, la
escultural y curvilínea modelo exclusiva de la
cerveza Cristal, con una botella en la mano. Dentro
estaban también, entre otros, Rosita Fornés y
Armando Bianchi, vestidos todos de Flash Gordon.
Era una idea del director Joaquín M. Condall y con
ella la Cristal se anotaba el palo publicitario del año.
Lo único que cuando Marta Véliz, ya fuera del
OVNI, fue a decir: «Tome Cristal», le pusieron una
capucha en la cabeza y la empujaron hacia uno de
los automóviles del Servicio de Inteligencia Militar
aparcado cerca. Hacia las perseguidoras fueron
empujados asimismo Rosita y Armando.

Rosa gritó: -«¡Esto es un atropello! ¡Una
barbaridad! Estamos haciendo un programa de
televisión y además es una inocentada... ¡Me voy a
quejar!».

Pero no le hicieron el menor caso, si bien no le
pusieron la capucha. Obligaron a caminar a los
artistas entre dos filas de uniformados y debieron
hacerlo rápido porque sobre ellos caía alguna que
otra piedra que lanzaban los curiosos.
Este suceso esta en un material fílmico de la época
y lo he pasado en mi programa "Añoranzas de mi
Cuba" en alguna ocasión.

Cierto es que, en los años 30, Orson Welles aterró a
Nueva York con su versión radial de La guerra de
los mundos. El cubano Condall quiso hacer lo
mismo.
Construyó la supuesta nave interplanetaria con un
material que parecía venido de otra galaxia, le dio un
color extraño, coló dentro, junto con los artistas, a
un operador de sonido y su correspondiente cabina,
y se situó, en una unidad móvil, a poco más de 200
metros a fin de trasmitir desde allí, por teléfono, las
órdenes oportunas.
Con el transcurrir de los años cada vez me resulta
más difícil imaginar que el público, tanto el que
estaba en el lugar como el que lo seguía por
televisión, pudiera «tragarse» aquello. Que nadie
hubiera visto cómo de madrugada emplazaban en un
lugar público aquel artefacto donde cabían varias
personas.
Que la Policía no supiese nada...
Lo cierto es que Rosa, Armando, Marta y otros
implicados en la inocentada pasaron el día
retenidos en las oficinas del Servicio de Inteligencia
Militar. Logró sacarlos de allí, ya en la noche, Julito
Blanco Herrera, el dueño de la cervecería Cristal.

DOS FIGURAS
En 1949 Goar Mestre, propietario del Circuito CMQ
anunció que en un plazo de tres años su empresa
comenzaría a operar la televisión en Cuba. Pero al
año siguiente otras dos figuras del medio radial
tenían el mismo propósito: Gaspar Pumarejo, de
Unión Radio, y Amado Trinidad, de la RHC Cadena
Azul, que hablaba ya de traer la TV en colores.
Trinidad, caído su ánimo y muy enflaquecida su
bolsa, quedó en definitiva al campo, y entre los
otros contendientes ocurrió lo inexplicable:
Pumarejo le cogió la delantera a Mestre. El 12 de
octubre de 1950, en sus estudios de Mazón y San
Miguel hizo la primera prueba en circuito cerrado.
El 16 hizo otra prueba y el 24 el presidente Prío,
desde el Palacio Presidencial, dejaba inaugurada
oficialmente la Televisión en Cuba.
Había surgido la primera de las televisoras con que
contó la Isla:
Unión Radio Televisión Canal 4.
Mestre, que pensaba en lanzarse el 12 de marzo de
1951 se vio obligado a anticipar sus planes, y el 18
de diciembre abría el Canal 6.
Pumarejo era un empresario audaz y arriesgado.
Dicen los que lo trataron que tenía pocas ideas
propias, pero era capaz de apropiarse de la iniciativa
ajena y hacerla mejor.

Tenía defectos en su contra: era poco constante y
carecía casi por completo de sentido de la
organización. Además, disponía de poco dinero. No
tardaría mucho en deshacerse de Unión Radio. Pero
resurgió al arrendar espacios en el Canal 2: la ya
mencionada Escuela de Televisión, en horas de la
noche, y, por las tardes, Hogar Club, «una
modalidad de banco de capitalización y ahorro en
forma de agencia de sorteos», que llegó a contar
con 102 000 socias pagando la cuota mensual de un
peso.

Se empeñó en traer a la Isla la televisión en colores
y en 1957 inauguró en efecto el Canal 12, del que
aparecía como dueño cuando el verdadero
propietario era Fulgencio Batista, a quien Pumarejo
vendió también sus acciones en la Cadena Azul de
radio.

Goar Mestre era, sin embargo, el orden mismo.
Propietario de 26 empresas, su capital era
infinitamente mayor y contaba con el respaldo de
grandes intereses norteamericanos.
Un detalle curioso: Goar y sus hermanos Abel y
Luis Augusto nunca viajaban en el mismo avión ni
siquiera en el mismo automóvil por temor a un
accidente que los borrara a todos.
Pensaban que si uno de ellos moría, otro quedaría al
frente de los negocios familiares.

Goar y Abel vivían frente por frente en la barriada
del Country Club y el otro tenía su casa al doblar de
la esquina. Esa forma de asumir la vida la llevaron
hasta el final de su camino en Cuba. Cuando Goar y
Abel salieron del país, para no volver, en 1960, Luis
Augusto quedó al frente de los intereses de la
familia, que no fueron intervenidos sino seis meses
después, y al cuidado de lo que quedaba de ellos
permaneció aquí hasta su muerte.

Goar intentó recuperarse en el extranjero. Llegó a
Argentina, donde la televisión estaba todavía en
pañales, y organizó una productora televisiva y
compró lo que sería el Canal 13. Pero durante el
gobierno de María Estela Martínez de Perón le
pasaron la misma película que había visto en La
Habana: le intervinieron el canal.

HISTORIA DE TRES HERMANAS
Recuerdo que mi mamá no se perdía por nada del
mundo la primera telenovela que se pasó en Cuba:
Historia de tres hermanas. Se ubicaba en la Cuba
colonial, tenía como protagonista a Enrique
Santiesteban y se transmitía solo los domingos.

Recuerdo además las producciones fastuosas de
Jueves de Partagás, conducido por Santiesteban, y
de El cabaret Regalías,  con Rolando Ochoa,
patrocinados ambos por dos poderosas firmas
cigarreras. También de El guateque de Apolunio,
antecedente de Palmas y cañas, y el montón de
enlatados norteamericanos que consumí, desde Las
aventuras de Rin Tin Tin hasta Patrulla de caminos,
sin olvidar La ley del revólver, donde el médico del
pueblo, armado solo de una simple cuchilla y sobre
el mostrador de la taberna, terminaba siempre por
extraer la bala que había ido a alojarse en el cuerpo
de uno de los protagonistas. Sin anestesia. Y nos
creíamos aquello sin saber que los que estábamos
siendo anestesiados éramos nosotros. Mi pasión en
esa época eran los seriales del Oeste, pasión que
todavía me mantiene frente al televisor.

En mi época de niño disfruté mucho de todos estos
programas que de una forma u otra, pasaron a ser
clásicos universales, como El Llanero Solitario, El
Sheriff de Cochise, Eran Tres de Caballeria, Furia,
Lassie y tantos otros que al recordar, te hacen llorar.

Waldo Fernández
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