ESTAMPAS DE CUBA POR MARIA ARGELIA VIZCAINO
Historia del Servicio Militar Obligatorio y la UMAP
                    Parte I de VI - Antecedentes

Una de las cosas que más terror causó a la mayoría del pueblo cubano en estos largos años de dictadura
castrista, ha sido la imposición de la Ley del Servicio Militar Obligatorio (S.M.O.) que se promulgó el 26 de
noviembre de 1963, según he ratificado gracias al excelente artículo publicado por CubaNet.org, escrito por la
licenciada María Pérez Castillo. Con esa ley, los jóvenes del sexo masculino comprendidos entre las edades
de 16 a 27 años serían reclutados por tres años y les pagarían un sueldo seguro de 7 pesos cubanos al mes.

Esta ley estremeció a todo el país, fue peor que la Ley de Reforma Agraria y las intervenciones o confiscaciones
de la propiedad privada; o la destrucción de la libertad de prensa; lo mismo que la obligatoriedad de la libreta
de racionamiento; que la expulsión de los religiosos y clausura (saqueo) de sus escuelas y centros de salud;
que la creación de los C.D.R. para vigilar a todos los vecinos; que incluso la famosa pérdida de la patria
potestad usando a los niños para espiar a sus padres; y peor aún, que los fusilamientos en masas y el horrible
presidio político, porque sobre todo este último, no era de conocimiento popular y la población amedrentada
hablaba muy poco del tema. Pero el S.M.O. hizo que hasta los que simpatizaban con el régimen se sintieran
contrariados, porque ellos también fueron afectados, de ahí que algunos comenzaron a cambiar sus conceptos
sobre la revolución socialista creada para el bienestar de la población. Pero la doctrina izquierdista constante,
elaborada para lavar el cerebro, enseguida encontró la excusa a esta ley abusiva objetando que en Estados
Unidos también existía la misma obligatoriedad, que incluso los jóvenes tenían que ir a la guerra contra
Vietnam y a los cubanos “
no los enviarían de mercenarios a ninguna otra tierra” (como toda promesa de un
comunista fue mentira).

Nada de lo que sucedía por toda Cuba durante aquellos primeros años de la creación del Servicio Militar
importaba más a la población, ni siquiera la lucha en el Escambray, ni la poca distribución de alimentos, ni la
falta de información, ni la persecución, etc. El tema fijo de conversación en cualquier reunión o lugar siempre
recaía en esta arbitraria ley. Los padres y los jóvenes tomaron aquella nueva disposición drásticamente y no
era para menos, conociendo la carencia de humanidad del sistema castrista. La obsesión era entonces tratar
de salvar a los hijos a como diera lugar, como hicieron una vez desesperadamente con aquellos niños
enviados solos a Estados Unidos en los primeros años "revolucionarios", a través de una agencia religiosa,
que se le conoce como la Operación Pedro Pan. Pero cada día resultaba más difícil salir legalmente de Cuba.
Asilarse en las embajadas de países capitalistas que radicaban en La Habana era una misión imposible por
la estrecha vigilancia existente, y porque algunos como México, los devolvían al gobierno cubano, y la única
frontera de nuestro país que es la Base Naval de Guantánamo, además de estar extremadamente custodiada,
minaron la línea divisoria, considerándose en la actualidad el lugar más pequeño del mundo donde más
minas explosivas existen. Las salidas por mar en botes, lanchas, neumáticos de automóviles con vela, cajas
calafateadas, etc. comenzaron a hacerse populares, pero eran perseguidos con saña por la organizada y bien
armada guardacostas castrista, y todo un cuerpo de espías que comenzaba en el CDR o Comité de Vigilancia
de la cuadra.

A pesar del control absoluto de todo, la contrarrevolución hacía estragos al gobierno, porque el descontento por
tanta represión se generalizaba, y no había forma de escapar, así que los jóvenes preferían estar muertos,
arriesgando la vida peleando o tratando de escapar por el peligroso Estrecho de la Florida, a seguir viviendo en
ese infierno.

Un 28 de septiembre de 1965, Fidel anunció un cambio de política, y dijo que permitiría la salida de todos los
‘gusanos’ (opositores y disidentes), por la pequeña rada de Camarioca, de esa forma se libraba de una carga
que se le estaba haciendo incontrolable. Los cubanos residentes en Estados Unidos fueron a buscar a sus
familiares fletando lanchas, yates o barcos, ya que de Cuba nadie podía viajar por su cuenta porque los medios
de navegación habían sido todos confiscados por el Estado.

Después de varios incidentes de naufragios, el presidente norteamericano Lyndon B. Johnson, habló ante la
Estatua de la Libertad en Nueva York, para brindarle refugio a todos los cubanos que quisieran huir de la
tiranía, creándose los Vuelos de la Libertad el 10 de octubre de 1965, con dos vuelos diarios de 200 personas
cada uno. El pueblo cubano deseoso de salir y salvar a sus hijos sintió un gran alivio, pero esa felicidad le duró
poco, porque casi inmediatamente que las Oficinas de Inmigración y Extranjería en La Habana comenzaban a
dar las planillas para la solicitud de salida definitiva, el gobierno cubano, que vio como el pueblo se
desesperaba por irse, puso por condición que los jóvenes incluidos en la edad militar 15 a 27 años, (poniendo
un año menos) no podrían viajar, aún cumpliendo con el S.M.O., hasta arribar a la edad límite. Además, aunque
no estaba escrito en ningún lado, a los profesionales (médicos, ingenieros, arquitectos, etc.) se les puso más
trabas, y no les autorizaban la salida definitiva hasta que cumplieran con trabajos forzados o trabajos en otros
confines, lejos de su casa, especialmente en el campo.

Los comunistas decían que el que no estaba de acuerdo con ellos que se fuera, pero cuando vieron que la
mayoría quería escapar, no importando los riesgos ni los problemas económicos que sufrieran en tierras
extrañas, comenzaron a retractarse e impusieron la obligatoriedad de vivir bajo su régimen inepto y aterrador.

Estas salidas directas a Estados Unidos por los Vuelos de la Libertad a muchos se las demoraron a propósito
tanto tiempo (más de dos años), que los hijos pequeños cumplían la edad límite y no podían salir. A estos
muchachos eran los que más rápido reclutaban para el Servicio Militar, y peor aún, los enviaban para la UMAP,
de la que hablaremos más adelante.

Parte II de VI - Pre-reclutas

Como habíamos dicho el 26 de noviembre de 1963 se promulga la Ley del Servicio Militar Obligatorio, aunque
para la mayoría fue en abril de 1964 cuando se dieron cuenta de esta realidad. Inmediatamente se habilitaron
casas, sobre todo de personas que se habían ido del país y escuelas, donde instalar el Comité Militar, para
que se fueran a inscribir todos los jóvenes a partir del año en que cumplían los 16 años hasta que arribaran a
los 27 años, y después le adelantaron un año y fue a partir de los 15 años.

Posteriormente los citaban para hacerles las entrevistas, llenar las planillas («Cuéntame tu vida») y por último,
otro día, tenían que ir nuevamente para el chequeo médico, que para desmoralizarlos, citaban a cientos de
jóvenes, y los desnudaban, y allí, como Dios los trajo al mundo, iban en fila pasando por distintos médicos
para examinar la presión arterial, los reflejos, la vacunación, chequeo sencillo de la vista, el ortopédico, y el
desagradable tacto rectal delante de todos. Si lo encontraban acto, (que era a la mayoría, aunque no lo
estuvieran) le decían que en dos semanas lo citarían para llevárselos definitivamente.

Y la angustia se acrecentaba, la depresión y la gran tristeza no sólo envolvía al joven, sino a toda la familia.

Cualquiera que no conozca las condiciones de la dictadura cubana pensará que estas familias estaban
dramatizando. Desde luego comparándolo con el Ejército de los Estados Unidos y otros países que ofrecen a
sus militares buenas condiciones higiénicas y humanas, muchos pensarían que toda esta angustia sería
ridícula, pero sólo haberlo vivido, o haberlo conocido de cerca puede hacer que lo entendamos.

Mientras no era llamado para el Servicio Militar en la primera ocasión, los envolvían en los entrenamientos Pre-
reclutas, todos los domingos de 6 a.m. a 12 del día marchando, corriendo (pasodoble), abriendo trincheras
(cavando huecos), charlas ideológicas (clases de adoctrinamiento y para atemorizar al joven). También los
citaban entre semana en las noches, no importaba la lluvia, el sereno, el sol, ni que al otro día había que
levantarse a trabajar o ir a la escuela.

El sentimiento de impotencia de un recluta o pre-recluta era peor que el de un preso político, porque el que
estaba cumpliendo prisión sabía que había sido condenado por algo, aunque injusto, y hasta se sentía
orgulloso de sus rejas y castigos, pero el joven encarcelado en el S.M.O. y enviado a trabajos forzados no le
encontraba explicación a su suplicio, porque él no había violado ninguna ley, aunque fuera arbitraria como
todas las del gobierno tiránico castrista. Su único delito era ser joven, cubano y vivir en Cuba. Se puede
asegurar que los jóvenes que pasaron los 3 años de S.M.O. o los dos y medio años de UMAP estuvieron como
presos, sobre todo estos últimos, por los padecimientos que sufrieron, pero si lo comparamos con el presidio
político, nos damos cuenta que el Servicio era una pequeña muestra de la verdadera barbarie de Castro.

El gobierno tenía el control absoluto de la población desde aquellos tiempos por la «libreta de
abastecimiento», que también era obligatoria, argumentando que el que no la tenía no comía, aunque lo que
daban era bien poco y de mala calidad;  todos los años había que hacer una nueva libreta y las viejas se
guardaban en el Comité Militar, además si te cambiabas de barrio, el Comité de Vigilancia se encargaba de
averiguar toda tu vida y te denunciaba si no estabas inscripto. Ese papel comprobante de la inscripción del S.M.
O. había que tenerlo arriba en todo momento que salieran a la calle, como fue después el Carné de Identidad
que inventaron en la década de 1970, para cuando la policía o los agentes de seguridad del estado se lo
pidieran, poderlo mostrar y vieran que estaban en regla. El que no se inscribía al S.M.O. iba a la cárcel con los
delincuentes o acusado de alta traición a la patria. Recordemos que patria en Cuba después de 1959 es
sinónimo de Fidel Castro.

El que faltaba al entrenamiento de pre-recluta, lo citaban o lo recogían en su casa por la madrugada cuando
estaban durmiendo, y lo tenían marchando por las calles de castigo horas sin parar, ni para tomar agua. Si se
subordinaban, o hacían un chiste propio de la edad, los ponían a hacer pasodoble (correr) más rato de castigo.
Como a las tres horas le daban 10 minutos de descanso, donde no podían ir ni al baño, porque eso lo hacían
en la vía pública, en medio de las calles de algún reparto, y no todo el mundo presta su casa para que entre un
desconocido al servicio sanitario, por suerte como eran jóvenes y habían sudado tanto, muchos no lo
necesitaban, lo peor era soportar la sed, pues no era fácil conseguir agua para tomar en esos lugares, y los
agentes del gobierno que les obligaban a permanecer allí, no se la proporcionaban.

Afortunadamente este sistema reprochable de pre-recluta no duró muchos años, pero el gobierno inventó otras
formas para tener siempre a la juventud bajo el látigo de la represión.

Junto al Servicio Militar Obligatorio y a los Pre-reclutas, se creó la UMAP («Ayuda Militar a la Producción»); le
siguió la «Columna Juvenil del Centenario» para sustituir la mano productiva y represiva de la UMAP. En la
década de 1970 inventaron el «Servicio Militar General» donde se disfrazó el nombre de obligatorio para no
llamar la atención del mundo libre; también se modificó la «Preparación Combativa» donde enviaban a los de
la Reserva Militar, que era para los mayores de 27 años hasta 50 años y para los que ya habían pasado el
Servicio Militar, al que le unieron los Milicianos y la Defensa Civil; las «Tropas Territoriales», creadas después
de 1980, para ampliar la edad de los reservistas hasta que murieras y para poner a las mujeres que también
se conoce por «Servicio Militar Voluntario Femenino»; y las «Misiones Internacionalistas», las más crueles, a
pesar de que muchos fueron voluntarios, por miedo a los castigos y la venganza.

De todos estos puntos hablaremos. Síganos en la próxima Estampas de Cuba.

Parte III de VI - Reclutas

El primer llamado para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio fue en el año 1964. Las despedidas eran
multitudinarias y conmovedoras, acudía toda la familia y los amigos. Recuerdo muchas veces ir al Comité
Militar de Guanabacoa en la calle Candelaria y Bertematis, muy cerca de la Estación de Policía y del Convento
de Santo Domingo, allí en medio de tantos militares armados, subían algunas veces a los ómnibus, otras a los
camiones rusos, como burda mercancía, los jovencitos con su cara imberbe, dejando a todos sus allegados
muy tristes y llorando.

A mi esposo Rogelio, cuando aquello mi amigo, se lo llevaron en el cuarto llamado, a los 18 años. Ya había
pasado la etapa de pre-recluta, con sus castigos por faltar, y le habían aprobado el chequeo médico, así que le
dieron las dos semanas de torturante espera; exactamente del 15 al 28 de mayo de 1967, y como no lo citaron
en esos días pensó que se había librado por esta ocasión, pero unos días después las autoridades decidieron
hacer un llamado especial para ex presos políticos; delincuentes acabados de salir de prisión; homosexuales;
guajiritos (residentes de zonas rurales);  «niños bitongos»;  gusanos (opositores);  jóvenes con el pelo a la
moda un poco largo, todos los que el Comité de Vigilancia (C.D.R.) denunciaron que mantenían una «conducta
impropia» en su barrio y que no habían podido mandar para la UMAP que eran los campos de concentración
que hablaremos en la parte IV de esta serie.

El 29 de mayo de 1967 recibió el telegrama citándolo para dos días después, en el Comité Militar de Regla, el
municipio vecino al nuestro. De ahí se lo llevaron para un pequeño poblado en Bolondrón a 6 ó 7 Km. cerca de
la Ciénaga de Zapata, a un campamento que fue anteriormente una cárcel, sin ver a la familia por un mes ni
saber nada de ellos. La primera visita fue un domingo de 2 p.m. a 6 p.m., y el primer «pase» que era el permiso
para salir, se lo dieron a los dos meses, sólo por 48 horas pero como estaba tan distante de su casa y el
transporte ya se encontraba en pésimas condiciones, perdía en el viaje más de 5 horas. Después le daban un
«pase» una vez al mes de 24 horas, si se portaba bien, pero los sargentos se encargaban de ponerle reportes
de mala conducta a los reclutas para quitarle ese permiso de salida Bastaba un solo reporte por tener un botón
de un bolsillo de la camisa desabrochado debajo de un abrigo, para perder la salida, como le pasó a Rogelio,
por culpa del Jefe de la compañía Militar donde él fue ubicado, que se llamaba Francisco Pérez Pérez; este
sujeto había bajado de la Sierra Maestra con Fidel con grado de Capitán pero por excesos y mal
comportamiento lo había perdido. Los jefes de las compañías del S.M.O. y de la UMAP en su mayoría eran los
militares degradados que estaban buscando méritos para subir, así que se encarnizaban con todos los
reclutas que estaban bajo su mando.

Desde el primer momento que el joven entraba le daban un número y nadie era llamado por su nombre.
Rogelio fue el 85. Después, en enero de 1969, a los 7 meses, lo trasladaron para la provincia de Camagüey,
más distante aún de su casa; por 6 meses trabajando en los cortes de caña. Cuando llovía, las carretas se
atascaban, pero las cañas no dejaban de salir, eran los reclutas con el agua hasta la rodilla o hasta la cintura
los que la cargaban; y si la quemaban, la ceniza se les metía por los poros y hasta en el alma. Mal
alimentados, comiendo sardinas rusas con harina, almuerzo y comida, con la diferencia que en el almuerzo las
sardinas eran en aceite y en la comida eran en tomate (6 meses comiendo lo mismo). Muchas veces se las
llevaban hasta el surco de trabajo, para que no perdieran tiempo, y así tiesas y mosqueadas se las tenían que
comer.

El trabajo era bien duro, le daban el odiado «De pie» antes del amanecer, y rápidamente había que salir del
albergue en ropa interior y con las botas puestas para hacer los llamados ejercicios “matutino”. No importaba
el frío de la madrugada, ni si el joven estaba acatarrado o era asmático, sobre todo los primeros meses hasta
lloviendo había que salir a los matutinos (correr, hacer ejercicios, etc.). Cuando daban la orden, tenían que
entrar a prepararse, vestirse con el uniforme, desayunar el jarro de imitación a leche con pan duro, y recoger la
cama muy bien, o sea la hamaca de saco de yute, para cuando pasaran revista no encontraran nada malo, y no
le pusieran un reporte que podría costarle la salida para visitar a la familia. De ahí se lo llevaban en camiones o
carretas hasta el campo. Allí llegaban antes de la salida del sol. Si no quedaba lejos los recogían a la hora de
almuerzo, y los traían de nuevo al área de trabajo hasta el oscurecer. Así eran todos los días y hasta el domingo
medio día.

La Navidad (las últimas permitidas en Cuba en 1968), el jefe de la compañía los amenazó con no darles pase,
(eso era parte de las torturas síquicas que acostumbraban a hacer), al final decidió dejarlos visitar a la familia
en Nochebuena (el 24), pero no el 31 de diciembre. Como iba a ser la última fiesta del año hasta que pasara la
famosa Zafra de los 10 Millones en 1970, el grupo de la brigada de Rogelio acordaron todos ese día fugarse
(de la cárcel chica para la cárcel grande). Pero no todos pudieron lograrlo. El viaje de Camagüey a La Habana
era desde esos tiempos una heroicidad para un ciudadano simple, por la escasez de transporte. Por eso en
cuanto Rogelio acabó de llegar a su casa, lo sorprendieron  los militares que habían viajado expresamente en
sus camiones desde Camagüey para apresarlo. Se salvó de no ir al calabozo por su papá que criaba gallos
finos y convenció al jefe militar que no castigara al muchacho por ser día de fiesta. A cambio, el jefe recibió uno
de esos gallos que después se prohibieron para la población, lo que muestra que los militares de Fidel
también se vendían como decían ellos que hacían algunos de Batista.

Rogelio tuvo suerte en parte. Después de pasar tantos meses de trabajos forzados y humillaciones como un
preso sin causa de los campamentos de la UMAP (aunque a su grupo nunca les dijeron que eran confinados
de la UMAP se sabía que era lo mismo por el trato diferente, y porque jamás le enseñaron ni una pistola, sólo
por armas conoció el machete para chapear y cortar caña), se salvó con una nueva ley que crearon. Como el
gobierno castrista había tenido que quitar la UMAP porque por las denuncias ante la ONU la opinión mundial
los había afectado, a los de ese llamado especial al S.M.O., donde había caído Rogelio (aunque no les
llamaron UMAP eran parte de lo mismo), los trasladaron para la Columna Juvenil del Centenario. El gobierno
necesitaba sustituir esos brazos baratos para la agricultura, así que le cambiaron de nombre y flexibizaron los
malos tratos, para que no aparecieran ante el mundo como confinados de campos de concentración. De todas
formas Rogelio nunca fue militar, a no ser por la disciplina estricta y el uniforme, porque desde que entró al S.M.
O. fue a trabajar en el campo, así que se alegró del cambio. Con el mismo honorable sueldo (7 pesos al mes),
seguiría trabajando en las labores agrícolas lo que le faltaba para cumplir los tres años reglamentarios, —los
más largos de su vida— pero ahora en la Columna Juvenil, sin uniforme militar.

Parte IV de VI - La UMAP

Si drástica fue la creación del Servicio Militar Obligatorio (S.M.O.) para las familias cubanas, peor fue la UMAP
(Unidad Militar de Apoyo a la Producción) que como dice la licenciada María Pérez Castillo en su artículo
publicado en CubaNet.org en diciembre de 1998 «cuyo rigor disciplinario las acercó más a los campos de
concentración que a centros productivos», pues aquí designaron a todos los «indeseables», no importaba la
edad militar establecida, los había hasta de 50 años y casados con hijos, para trabajar en las labores
agrícolas, en unos campos de trabajos forzados diseñados igual que los campos de concentración nazi, en la
provincia de Camagüey.

Todo surgió a raíz del reciente viaje de Raúl Castro a la China comunista y contemplar lo que estos tan
sanguinariamente habían creado para este propósito, quitando de la calle a todo el elemento peligroso,
desafecto a su sistema como: los que se quedaron con la antigua Visa Waiver de 1961 por la Crisis de los
Misiles (como mi tío Tony); algunos de los que había presentado para irse legalmente por los Vuelos de la
Libertad; los estudiantes y maestros universitarios que no estaban integrados a la Milicia o al C.D.R. (Comité
de Vigilancia); a los hijos de los ex-militares de Batista que aún estaban en Cuba y los hijos de los presos
políticos; a los presos o ex-presos como mi primo Carlos Alberto Díaz, (aún en Cuba) por tratar de salir
ilegalmente del país; los religiosos (principalmente Testigos de Jehová y los Adventistas, o los que estudiaban
en el seminario para sacerdotes como Jaime Ortega Alamino, que posteriormente fue Cardenal de La
Habana); los que vestían ropa extranjera, a la moda de los países capitalistas, que andaban con el pelo un
poco largo como se usaba; y los peores que la pasaron, los homosexuales, que los humillaban y perseguían
con más rencor, como si su preferencia sexual pudiera tumbar la macabra revolución. Después de todo
salieron bien, pues en China dicen que los habían matado en masa.

De esta forma el gobierno también se aliviaba del descontento de los simpatizantes a raíz de la creación del S.
M.O., porque como buenos comunistas eran envidiosos, y se sentían mejor al ver que a los contrarios se les
daba más mal trato en la UMAP que en el Servicio. Es que según los gobernantes, a la UMAP enviaron la lacra
social que perjudicaba el desarrollo de la «Revolución» sin embargo, en Cuba se albergaban todos los
terroristas, narcotraficantes y guerrilleros, usándola como base de operaciones, y desde allí se preparaban
para hacer sus grandes disturbios en toda Latinoamérica y extenderse por otros continentes, para esto se creó
en La Habana, en enero de 1966 la OSPAAAL (Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, Africa y
América Latina), para con ayuda de los izquierdistas del mundo, tratar de penetrar el comunismo en todo el
orbe, y desestabilizar las democracias y el desarrollo a como diera lugar.

Con la UMAP se restablecía abiertamente el tiempo de la esclavitud africana: mano de obra barata, mal
alimentados, descuidados, explotados y humillados. Con este fin se hicieron dos llamados grandes con
algunos intercalados; el primero fue en noviembre de 1965. A casi todos los acuartelaban por unos 40 días
incomunicados, otros se demoraron más tiempo sin saberse nada de ellos por estar más aislados y en
condiciones mucho peores.

En el llamado que enviaron a mi tío Tony fue una recogida muy grande que hicieron en Guanabacoa, Regla y
otros municipios de La Habana, el 16 de junio de 1966, y los ubicaron en el antiguo Central Baraguá, en ese
tiempo llamado Costa Rica, en Camagüey. La primera visita se la dieron un domingo después de tres meses
de cautiverio. El primer permiso de salida tuvo que esperar hasta diciembre y los días que le daban dependía
de la «emulación», por lo que las metas de trabajo asignadas eran bien altas y difíciles de cumplir, algunos se
ganaron dos semanas, pero los más, obtuvieron sólo una, menos 2 días que perdían en el largo viaje hacia La
Habana. Ellos justificaban que era tiempo de zafra para no dar salidas, pero después era por la limpia de la
caña y otros cultivos, la cuestión era alejarlos de la familia. También trataban de trasladarlos al poco tiempo,
nadie quedaba establecido en la misma Unidad Militar, para que no crearan grupos unidos capaces de
protestar o sublevarse. Igualmente a los que asignaban al S.M.O. los trasladaban constantemente, y sobre todo
los ubicaban lejos de sus casas. Me contó la Sra. María Triana que a sus hermanos, viviendo en Ciego de Avila,
cerca de tantos campos de caña los mandaron a Morón y a Vertientes en la Prov. de Las Villas, a cortar caña.

A mediados del tiempo de los primeros reclutamientos para la UMAP, les dieron de baja a todos los mayores
de 27 años y los pasaron para la Reserva, debido a la evidente arbitrariedad con la edad militar establecida y a
la crisis desatada con la manutención de la familia. A finales del año 1968 decidieron acabar con la UMAP,
porque la opinión mundial los estaba perjudicando, y desmovilizaron a todos los que desde un principio
entraron bajo el nombre UMAP, pero no así a los que estaban en las mismas condiciones de la UMAP bajo
otros nombres. Esos jóvenes esclavos fueron enviados a la «Columna Juvenil del Centenario», con los
jóvenes estudiantes becados y en las Escuelas en el Campo, pero sobre todo, con los integrantes del Servicio
Militar Obligatorio que enviaban a las cárceles por indisciplina, como una cerca de Guanabacoa y San Miguel
llamada El Pitirre.

En la UMAP se torturaba síquica y físicamente, a esto contribuía las condiciones de vida que eran
infrahumanas, constantemente vigilados, amenazados de que ahí estarían hasta que se pudrieran, con
campamentos en precarias condiciones, sin servicio sanitario, con una fosa común detrás de la barraca donde
dormían. No tenían agua corriente para bañarse, y para colmo no se les permitían hacerlo diariamente, sólo
cuando le tocara al escuadrón, y si había frío se congelaban, por la corriente de aire que entraba y el agua fría.
Al principio les quitaban la ropa para que no se fugaran. Fue desquiciante para muchos, que no lo resistieron,
de ahí que perdieran la vida asesinados o suicidados centenares de jóvenes.

Lo vivido en los Campos de la UMAP, quedará en la historia como una más de las violaciones de los derechos
humanos que se cometen en Cuba, que muy pocos historiadores han escrito y que por ser tan extenso y
deprimente no puedo relatarlo aquí. En el exilio existe desde la década de 1990 una Organización de Ex-
confinados de la UMAP, dirigida por Emilio Izquierdo, el Dr. Raúl Inda, entre otros, que son los únicos que
dignamente se mantienen denunciando las atrocidades allí cometidas y el asesinato de miles de reclutados a
la fuerza.

Parte V de VI - Preparación Combativa

Este es un recuento sin muchos detalles sobre la existencia desde 1963 de la ley del Servicio Militar Obligatorio
en Cuba y algunas de sus consecuencias, ya que la historia completa de tantos años de horror es imposible
relatarla en esta Estampa.

No bastaba con cumplir con el requisito impuesto por el gobierno de ir obligatoriamente por tres años al
Servicio Militar (S.M.O.), porque aunque el joven fuera sin chistar todo el tiempo, no había terminado con la
misión. Después de desmovilizado, inmediatamente pasaba a la Reserva del Ejército de Cuba o Preparación
Combativa, aquí tenían que pertenecer todos los hombres de 17 a 50 años que después en otra temporada,
rebajaron a los 45 años.

El odiado Comité Militar te seguía citando para entrenamientos semanales o quincenales. Lo mismo eran los
domingos medio día, que en las noches, o lo más común, de madrugada, que lo iban a buscar a sus casas
cuando estaban durmiendo, lo tenían dando vueltas en un camión recogiendo a varios, para llevarlos al Comité
Militar casi hasta que amaneciera marchando o dándole charlas de adoctrinamiento para devolverlos a su casa
rápidamente antes de que amaneciera, para que no perdieran de trabajar.

Al principio la cosa era muy estricta, cada cierto tiempo los acuartelaban por dos semanas para prepararlos
bien por si había una guerra, como la siempre esperada invasión norteamericana que nunca llegó; otras veces,
por ejemplo, iban a sembrar cebolla a Santa Cruz del Norte al Este de la playa Guanabo. Para esto tenían que
faltar al trabajo pero no dejaban de ganar el sueldo. La tortura militar represiva no se acababa ni estudiando, ni
siendo miembro del Partido Comunista, o sea, no importaba que fueras simpatizante del sistema o contrario,
lo único que te exoneraba era estar presentado para la salida definitiva del país, y no muchos jóvenes podían
salir debido a las restricciones de la edad y lo difícil de conseguir una visa o un pasaje de salida definitiva.

La Reserva tenía diferentes ramas en los distintos cuerpos del gobierno, como la marina, aviación, incluso
unidades especiales. A mi tío Humberto —que no se libró ni porque había pertenecido al ejército de Batista—
como era chofer del Matadero de La Habana, lo envolvieron en la rama de transporte, su entrenamiento
consistía («para cuando llegara la invasión norteamericana») en recoger a los reservistas, para atrincherarlos
o para las reuniones, la noche entera manejando llevando y trayendo, y después, tenía que dejar el local limpio
y recogido;  ellos eran los últimos en irse de madrugada, para ese mismo día levantarse a las 5 a.m. pues
tenía que ir a trabajar, y ese «entrenamiento»  le tocaba cada dos semanas.

Al que no servía para pelear como reservista lo pasaban a la Defensa Civil, la mayoría integrada por voluntarios
que ayudaban en todos los organismos del gobierno en los desastres naturales. La Milicia Nacional
Revolucionaria, que sí eran voluntarias e integradas por los simpatizantes comunistas, se acabaron en la
década de 1970 para unirse a la Reserva, para que los milicianos, que sí eran voluntarios, espiaran a los
reservistas (los obligados). Los que se destacaban en la Reserva los enviaban a escuelas especiales, y
cuando empezaron las Misiones Internacionalistas, muchos fueron los Jefes de las Escuadras.

Una madrugada de 1977, llegaron a mi casa y se llevaron a mi esposo Rogelio en un camión cerrado de los
que repartía el pan a las bodegas. Lo tuvieron dando vueltas recogiendo a otros más, antes de llevarlo al
Comité Militar que ese día era en una escuela primaria. Después de una larga «charla», diciendo todo lo
«buena» que ha sido la revolución con el pueblo, y todo lo que le debemos al Comandante en Jefe, les
comunicaron que la revolución los necesitaba para una misión internacionalista. No explicaron nada más de lo
que se trataba. El que no estaba de acuerdo debía pasar para otra aula. Allí le llenaban unas planillas, que
enviarían al centro de trabajo, además de decirles cobardes, poco hombres, antipatriotas y otra serie de
palabras ofensivas. Rogelio firmó aquella sentencia junto a una minoría, y pensó que ocurriría lo peor, la
prisión. Pero gracias a Dios, lo único verdaderamente voluntario, a pesar de la presión ejercida, eran las
misiones internacionalistas, no así para los jóvenes que estaban cumpliendo en ese momento con el S.M.O.,
que el único premio que le daban, si sobrevivían, era la disminución de los años reglamentarios por participar.

A Rogelio lo respetaban mucho en su centro de trabajo por trabajador y decente para humillarlo más, como
hacían con casi todo el que no aceptaba participar en las aventuras internacionalistas, pero esa negativa
tajante lo colocaba como un desafecto confirmado, así que de cualquier cosa se valdrían para encarcelarlo, y
podrían inventarle una causa con tal de hacerle daño como hicieron en algunos casos.

Muchos jóvenes fueron a estas misiones y perdieron la vida, o quedaron incapacitados, por miedo a perder el
puesto de trabajo, o por tanta coacción, también para venir con rangos militares o civiles, pensando que
posteriormente le otorgarían privilegios, pero no conozco ningún caso que le haya costado la prisión o
maltratos físicos por no aceptar ser enviado como mercenario a otro país, como sí les pasó a los que se
negaban a participar en el S.M.O. y en la UMAP. Se maneja la cantidad conservadora de más de 300 mil
tuvieron que participar en esta «amarga experiencia» como le llama la licenciada María Pérez Castillo en su
artículo publicado en CubaNet.org en diciembre de 1998, agregando que el   «resultado neto fue el
enlutamiento de miles de familias, que durante años no tuvieron el derecho de visitar los lugares donde
reposaban los restos mortales de sus familiares.»

La Reserva, después de 1983 ó 84 pasó a ser las Tropas Territoriales, para aumentar el límite de la edad, e
incluir a las mujeres. Para colmo los obreros tenían que donar un día al mes de sueldo para contribuir a
mantener las milicias. Todo, «voluntario como el chino.» En 1991 se rebajó el servicio de 3 a 2 años.

Parte VI de VI - Consecuencias

Han pasado más de cuatro décadas de imposición del castrismo que la mayoría del pueblo cubano a fuerza de
vivir sin libertad, no la conocen y no la estiman, por eso no la reclaman y todos sus problemas se vuelven
frivolidades, sin acusar al verdadero culpable (salvando las expediciones de los grupos disidentes y de
opositores). Lo mismo ha pasado con la imposición del Servicio Militar Obligatorio (S.M.O), que al estar
acostumbrado a su existencia, ellos saben que está ahí y hay que cumplir, de igual forma que se acostumbró a
que no existe otro medio de prensa que el estatal, y a usar el Carné de Identidad, y la «jaba» (bolsa de plástico,
tela o saco), para cargar todo lo que se encuentre por el camino.

Las consecuencias de esta drástica ley fueron más grandes de lo que la gente cree, sin embargo no conozco
un libro de Historia de Cuba, que hable con detalles del S.M.O., como los hay (todavía muy pocos) del presidio
político y del ataque a Bahía de Cochinos, sólo tengo entendido hay, hasta hace muy poco, uno pequeño
publicado en 1990 que habla de la UMAP, pero no del S.M.O.
(*)

Allí no sólo salía perjudicado el que entraba al Servicio, sino toda la familia. Cuando fueron a buscar a mi primo
Osmarito, en el 6to. llamado (1969), éste estaba estudiando en la Escuela de Meteorología en Pinar del Río y
como no lo encontraron en la casa, se llevaron preso a mi tío Osmaro, un par de horas, para atemorizarlo, y lo
dejaron salir con la condición de que cuando mi primo llegara a la casa se presentara. Era el chantaje
emocional, si no cumples apresamos a tu padre.

Los jóvenes que no resistían aquello se fugaban, y cuando los apresaban lo metían en el calabozo hasta que
viniera el «Jurídico», que le hacía un juicio militar sin garantías, delante de todos para que sirviera de
escarmiento y le echaban varios años por desertor, de un ejército al que nunca quiso entrar, y después de la
condena tenían que cumplir el tiempo que le faltaba por terminar el S.M.O. A veces eran condenados también
los padres por encubridores, creando un complejo de culpabilidad. Como tuvieron a demasiados jóvenes
presos por el único delito de fugarse , cumpliendo condenas exageradas de 10 y 15 años, se vieron obligados
a crear una ley de amnistía para perdonarlos a la vez que cumplieran con el tiempo que les faltaba del S.M.O.

Muchos divorcios devinieron por esta separación de familias, y algunos casos más drásticos cometieron actos
desesperados por la infidelidad de que fueron objeto o que simplemente sospechaban o le hacían creer entre
las torturas síquicas aplicadas; las carreras profesionales fueron truncadas; y gran cantidad se volvieron
guiñapos alcohólicos, por la constante depresión con que vivían, y tener tan baja la autoestima; las
enfermedades de los nervios eran las más populares, y recurrían medios locos a exagerarla para conseguir la
baja. Otros locos de verdad, se cortaban un dedo o una pierna con el machete que usaban en el corte de caña,
con tal de salir heridos y tener unos días de descanso en el hospital o en su casa (como hizo Nardo “El
Colorao” de mi barrio), los más desesperados se suicidaban. Algunos más rebeldes los sacaban obligados
de sus casas maltratándolos y sin explicación llegaban al poco tiempo los féretros, para ser enterrados con
cajas selladas con cualquier razón ilógica, como el caso de Humbertico Molina de San Nicolás de Bari, que
dijeron lo mató un rayo, pero no hubo testigos de nadie de sus compañeros que lo viera.

La juventud estaba perdida, sin contar los pobres que fueron a las misiones internacionalistas aunque no
fueran militares, como mi ex compañero de trabajo en la Empresa de Cemento, llamado César Llano que no
supimos ni dónde murió. Y las naciones del mundo contemplaron impasibles como se desmoronaban
nuestros muchachos en Irán, Yemén, Etiopía, Afganistán, Mozambique, el Congo, Guinea Portuguesa y
Española, Ghana, Angola, Libia, Siria, Nigeria, Nicaragua, Granada, Colombia, Perú, etc. Fidel desangró
nuestra juventud de cuatro décadas con los horrores del sistema carcelario, el paredón de fusilamientos, la
feroz limpia del Escambray y de la Sierra Maestra, y el brutal régimen implantado en el S.M.O., la UMAP, y de
aventuras militaristas expandiendo su sistema represivo y el mundo y la prensa liberal guardó silencio y aún
hoy en día lo sigue ocultado a todos.

A los religiosos se les dio un trato peor, sobre todo a los «Testigos de Jehová» que rehusaron ponerse el
uniforme militar, y los «Adventistas del 7mo. Día» que se negaban a trabajar los sábados y los amarraban
arriba de un hormiguero para que lo picaran las hormigas bravas o los dejaban de noche desnudos
amarrados a un árbol para que los mosquitos se encargaran de castigarlos. Testigos sobran de esta barbarie.

En Cuba, durante toda nuestra historia a partir del descubrimiento, hemos pasado por sistemas horribles
como el de Valeriano Weyler en tiempos coloniales españoles, las dictaduras de Machado y Batista en la era
republicana, pero aún todos estos juntos no tienen comparación a lo que ha hecho el castrismo, no sólo contra
todo nuestro pueblo, sino contra el progreso de nuestra nación y del mundo, sin embargo no quieren hablar. Es
como dice la licenciada María Pérez Castillo en su formidable trabajo titulado Réquiem por el Servicio Militar
Obligatorio: «Los jóvenes de ayer que hoy tienen canas y que fueron víctimas de tan nefasta experiencia
prefieren borrar de sus vidas tan oscuros y desagradables recuerdos, ya que en opinión de muchos les reviven
el famoso GHETTO DE VARSOVIA traído al hemisferio occidental únicamente en escala menor».

A la población cubana sin apoyo mundial y tanto control, no le quedó otra alternativa que la sumisión, y el
dejarse imponer el S.M.O. ha costado muchas vidas de jóvenes dignos que no lo han soportado. El exceso de
abuso constante, la dominación torturante y diaria han hecho que la población trate de sobrevivir aparentando
aceptación de lo que no les gusta, pero soñando con escapar algún día a un mundo mejor. El sistema ha
fabricado la idea de que en Cuba con Castro no se puede hacer nada, o te conviertes en su esclavo
incondicional o te vas, es lo que los disidentes han llamado el Síndrome de Indefensión Aprendida, algo que
se está tratando de cambiar desde que el bloque socialista logró dar un paso para su democratización.-
(*) Varios años después de haber publicado por primera vez este artículo el Sr. Enrique Ross ha
publicado el primer gran libro sobre “La UMAP ante la historia” en el año 2004. Pueden adquirirlo en
Ediciones Universal de la ciudad de Miami www.ediciones.com
Opiniones sobre este trabajo pueden ser
enviadas escribiendo a
mariaargelia@hotmail.com