La Cruz de Celia
Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com

Durante décadas he escuchado a algunas personas que tienen a su alcance medios de comunicación, tratando de pisotear
la gloria de Celia Cruz, por eso hoy deseo defender con justicia a una de las mujeres más extraordinarias de nuestro país,
porque no sólo nos ha honrado llevando una vida artística con decencia en un medio que la mayoría no sabe controlar los
excesos y la promiscuidad, paseando con su voz espectacular los principales géneros de la música cubana popular por
todos los rincones del mundo, sino que ha sabido defender con dignidad su postura antitotalitaria, amante de la paz, y
jamás se ha doblegado ante el chantaje familiar que le impone la dictadura a sus desterrados.

Empecemos por recordar lo que la mayoría ya sabe. Celia de la Caridad Cruz Alfonso, hija del trabajador ferroviario
Simón Cruz y Catalina Alfonso, nació en una modesta vivienda que especifica el Dr. Cristóbal Díaz Ayala en «Del Areyto
a la Nueva Trova» que estaba en la esquina que forman las calles Flores y San Benigno, en la barriada de la Víbora, La
Habana. Inscripta el 21 de octubre de 1925 en el registro civil de Santo Suárez, según el Dr. Héctor Ramírez Bedolla,
colombiano con el título de «sonomatancerólogo» que viajó expresamente a Cuba para obtener la inscripción. En el
«Diccionario de la Música Cubana» de Helio Orovio, (donde fue vetada en su primera edición) se dice  que vio la luz en
1924 y «se inició en el canto en Radio García Serra», en el programa para aficionados La Hora del Té; especificando
Enrique C. Betancourt en «Apuntes para la historia» que era la emisora CMCU en los 1,285 kilociclos desde la Víbora.
El documentado Rosendo Rosell aclara en el tomo I de  «Vida y Milagros de la Farándula en Cuba» que Celia «debutó
en el cabaret Faraón, en Zanja casi esquina a Belascoaín, lugar en que (el cantante Wilfredo) Gallito Curbelo tenía su
orquesta, alternando, si mal no recuerdo, con el Conjunto Niágara. Allí la llevó Bienvenido León (voz segunda y maracas
del Septeto Nacional), donde Luis Ardison, que era el dueño, la puso cantar en su estilo tanguero». Aquel primer tango
fue Nostalgias, de Cadícamo y Cobián.  Posteriormente entre Curbelo y el catalán Daniel Vila que era su manager y entre
otros «la convencieron para que adoptase el estilo afro, que empezó con Facundo de Eliseo Grenet».

Desde entonces donde quiera que ha cantado se ha robado el público que la ha escuchado y por eso ha recibido más de
un centenar de premios, como aquellos que ganó como aficionada en la Corte Suprema del Arte, Radio-CMQ, cantera
de brillantes artistas cubanos, y el concurso de «Reina de la Conga», convocado por Mario Lavín propietario de Radio
Lavín-Mil Diez, donde obtuvo otro primer título firmado por un distinguido jurado integrado por nada menos que Rita
Montaner, Miguel Matamoros, Gonzalo Roig y Eliseo Grenet.

Al integrar en 1950 la Sonora Matancera, encuentra en el trompetista Pedro Knigth el amor duradero y los
reconocimientos que continuaron son incontables: una estatua de cera en el archifamoso Museo de Cera de Buena Park,
California; una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, California y otra en la Ciudad de Miami; Doctorado
Honoris Causa de la Universidad de Yale y después en la Florida International University; Medalla Nacional de las Artes
en 1994 de manos del presidente de EEUU; decenas de nominaciones al Grammy, obteniendo su gran premio en 1990;
más de veinte discos de oro, de plata y platino; hasta grabó en 1973 con el pianista judío-norteamericano Larry Harlow
el tema Divina Gracia para la primera ópera latina Hommy a Latin Opera, adaptación de la ópera de rock Tommy del
grupo The Who, a lo que el excelente investigador Nicolás Ramos Gandía en www.noti-salsa.com ha dicho que después
de esta grabación «la Fania promovería a Celia como la reina de la Salsa».

En su carrera artística ha incursionado además en telenovelas mexicanas como «Valentina» y «El alma no tiene color» de
gran audiencia; ha tenido papeles en películas de Hollywood como en The Mambo King, Salsa y The Perez Family, pero
su vida es cantar  como dice en su álbum que ocupa el número 76 de toda su carrera, editado en el año 2000, por algo
ha logrado más producciones disqueras que años cumplidos; incluso es la primera cubana que ha puesto a bailar nuestra
música hasta la más alta aristocracia de Mónaco, como en el tradicional Baile de las Rosas celebrado en el Sporting Club
de Monte Carlo a principio del 2000 y públicos como los japoneses y finlandeses que sin entender lo que dice en sus
letras, estiman el torrente de su voz y el dominio de la escena.

Contar en una estampa la larga trayectoria de esta indiscutible estrella artística es imposible, por eso después de un simple
recuento les traigo la parte menos comentada, lo que representa la verdadera cruz de Celia. La que sufrió calladamente
por estar condenada por la inquisición castrista, que no sólo prohibió su música en la isla esclava, sino la obliga a la
separación de sus seres queridos, que le impidió estar al lado de su querida madre en sus momentos finales, convertida en
una víctima más de la confabulación de los mediocres mercenarios de la doctrina de Marx en el ámbito mundial.

Lo más cerca que he estado de Celia ha sido a través de un teléfono celular, cuando mi hija Dayamí que es una de sus
mayores Fans, presenciando un concierto que dio en West Palm Beach, me llama emocionada para compartir conmigo
ese inolvidable momento y para que yo también la pudiera escuchar en vivo. Sin embargo, cuando he oído o leído las
injusticias contra esta inigualada mujer, me he sentido muy junto a ella y la defiendo con orgullo.

Si esta novela sacada de la vida real que les relato a continuación no cambia alguna mala opinión que los comunistas han
querido se propague sobre Celia Cruz, definitivamente hay que darle el mérito al que nos ha robado la patria por casi
medio siglo, que le ha otorgado una cruz a cada uno de los millones de cubanos, a los que han atrapado con sus falacias y
a los que como Celia, vagamos por el mundo sin regresar a la patria oprimida, pero sin doblar la cerviz. Ellos calumnian a
los que disienten de su doctrina porque algo queda, somos nosotros los que conocemos sus tretas los que no podemos
ser cómplices de su divulgación.


«Figura estelar de la música afrocubana, Celia Cruz ya tiene un lugar asegurado en la historia del género.
Su carrera de más de cinco décadas es reconocida en todo el mundo.». EDUARDO LIVIA DAZA (Celia Cruz:
La Guarachera del Mundo (I)  www.perusalsa.com)


A Celia se le ha tratado con intensión peyorativa por rábulas despreciables y he visto con pesar que casi ninguna pluma ni
voces autorizadas hayan rebatido esa ramplonería insolente, que ella por su gran corazón ha pretendido no darle
importancia.

Uno de los actos más repudiables ocurrió el sábado 29 de abril del 2000, en el estadio municipal Hiram Bithorn, de
Puerto Rico, donde la Fania All Stars preparó el encuentro titulado «De esto se trata ser leyenda», en un estadio con
numerosas butacas vacías, pero las que estaban llenas en su mayoría fueron muy bien escogidas para que el espectador
se convirtiese en actor. La producción general fue mediocre y gran parte de los asistentes no esperaron el final porque
muchos sectores de las gradas no recibían sonido y otras veces la retroalimentación de la acústica era lo que les llegaba.
Pero los que prepararon la cama para nuestra Celia creyeron que salieron airosos, pues su burdo libreto era lo que
contaba.

El acto fue primero politizado con discursos de Willie Colón, que pre-calentaron el ambiente. Por lógica y conveniencia
dejaron a Celia para el cierre, no sólo por ser la única mujer del grupo sino por ser de todos la más famosa, así que
cuando salió a escena había mucho menos espectadores. Para presentarla escogieron a Cheo Feliciano, que pocos meses
antes había viajado a Cuba para grabar un disco y se había cansado de declarar las maravillas que encontró bajo ese
sistema destructor. Ese era el aviso para preparar a la audiencia que recibieron a la Reina con  «tímidos aplausos» que
fueron opacados rápidamente con vulgares abucheos. Como Celia cantó sin  reparo el Cúcala, los «salseros» rechiflaban,
gritaban «fuera» y pedían a gritos por «Andy». Celia concluyó con la educación que la caracteriza y noblemente les dijo:
«Gracias, los quiero mucho».

Los que critican que la cultura no debe mezclarse con la política prepararon suciamente su venganza. Todo ese sarcasmo
hiriente por la actitud que Celia asumió años atrás, cuando en 1997 Andy Montañez se solidarizó, abrazó y felicitó al
paladín castrista Silvio Rodríguez, miembro del buró político del régimen totalitario, lo que le costó la cancelación del
contrato para actuar en Miami, la capital del exilio cubano, para así evitar más polémicas. Ese mismo Montañez estuvo en
La Habana y «repitió consignas QUE SE VAYAN, que era el símbolo de la feroz ola de represión de 1980» como relata
el admirado escritor Roberto Luque Escalona en el artículo «Guerra a los cubanos», publicado en El Nuevo Herald, el 22
de marzo de 1997, así que sabemos del lado que cojea.

Mucha casualidad que ese concierto estaba respaldado por Montañez, Cheo y Willie Colón (este último en Panamá
arremetió contra la «Mafia de Miami»), y sabe Dios cuantos otros con simpatías marxistas y otras malas entrañas
escondidas jugaron en la misma novena. No olvidemos que los agentes del terrorismo, otrora llamado comunismo, están
preparados para crear condiciones que favorezcan la permanencia de su sistema y atacar a sus oponentes, y la música es
una de sus mejores armas porque recluta resentidos sociales, a los tontos que se dejan engañar más de una vez, a los
elementos ignorantones y cínicos que se venden por unos dólares.

Todo este acto grotesco lo reseñó en El Nuevo Día el 1ro. de mayo del 2000, Javier Santiago bajo el título de «La Salsa
en pleno consenso». Con aparente ingenuidad reportó que «el pueblo salsero estaba indignado», como si los pocos que
participaron en semejante complot fueran la representación mayoritaria de los puertorriqueños que tanto han querido a
Celia, esa fue la respuesta de los que manipulan a las masas que no toleran los éxitos del exilio cubano, no permiten otros
ídolos que su antiyanqui momia y los muertos que le son tan útiles, porque no pueden hablar. El reportero Santiago apoyó
la maquinada «protesta» al decir que «doña Celia le echó más sal al no querer reconocer su desplante a un compañero
artista». Espero que al saber la verdad se dé cuenta quién hizo el desplante.

La grandeza de esta cubana ejemplar se consolidó hace muchos años, pero se mostró una vez más en el Concierto de las
Américas delante de los presidentes de todo el continente reunidos para la Cumbre celebrada en Miami, Florida, en el
año 1994. Celia cerró la presentación pidiendo: «Señores presidentes, no hagan nada que pueda ayudar a Fidel.
Queremos una Cuba libre del comunismo».

Esa es la gran dama que ha llevado con honra su CRUZ y sufre las injusticias del mundo aunque los tullidos de mente y
los codiciosos envilecidos se empeñen en hacer ver lo contrario. Ojalá que Cristina Saralegui y su esposo Marcos Avila --
otros cubanos muy envidiados por sus logros sucesivos y por anticastristas-- incluyan en la producción cinematográfica
que preparan sobre la vida de la Divina Diosa (como la llama Johnny Pacheco) estas anécdotas de significación, para que
el público pueda apreciar la fibra patriótica de Celia Cruz, que se ha mantenido con firmes convicciones y jamás acudirá a
ninguna invitación del gobierno opresor para actuar para un pueblo amordazado, como sí se han gozado de participar sus
principales detractores.

Muy a pesar de ellos, con su bilis derramada por la constante producción de éxitos, sigue siendo la Reina de la Guaracha,
que hoy llaman Salsa y como ha escrito tan bien
Luis Mario, el Poeta Nacional en el exilio en su poema dedicado a
Celia Cruz, recogido en el libro Antología Sin Tierra:

«Ya no está en Cuba, pero Cuba anhela/
que le sequen su llanto con su piel de ciruela./
Señora guarachera, pero siempre señora, /
su voz es un sedante cuando la patria llora». –

Opiniones y comentario al e-mail: mariaargelia@hotmail.com
Omer Pardillo, Celia Cruz y su esposo Pedro Knigth.
Cortesía Omer Pardillo.
To: <mariaargelia@hotmail.com>
Subject: Dear Ms. Vizcaino
Date: Fri, 30 Mar 2007 02:06:31 -0400

Dear Ms. Vizcaino,
What happened between the Estefans and myself was
unfortunate but the press was largely responsible
for blowing it up.

Celia and Pedro were close friends of my family. Celia was
the maid of honor at my wedding.
The situation where Celia was booed in Puerto Rico was due
to a false rumor that she had used
some denigrating words to describe a prominent Puerto Rican
(Andy Montañez) . As I understood it,
It was actually someone else that said those words and
whenever I was asked about it, I corrected them
and defended Celia. This was a false rumor about Celia just
like the rumor about my organizing against
Celia is totally unfounded and inaccurate.

I have never supported the Castro regime nor have I ever
been to Cuba. I will never go until
Cuba is free of this dictator.

I believe that in a Democracy everyone has a right to their
opinion and to petition. But a petition should be based
on truths not false rumors.
Respectfully
Willie Colón
Agradecemos a Willie Colón por esta carta necesaria para dar su versión de lo
sucedido contra Celia Cruz este nefasto día.
Traducción, cortesía de la amiga
puertorriqueña Edith Rodríguez.

Estimada Sra. Vizcaíno,
Lo que ocurrió entre los Estefan’s y yo fue muy
desafortunado, pero la prensa tuvo mucho que
ver al exagerar. Celia y Pedro eran muy amigos
de mi familia.

Celia fue la Dama de Honor en mi boda. La
situación donde a Celia la abuchearon en Puerto
Rico fue debido a falsos rumores, donde
supuestamente ella utilizó algunas palabras
denigrantes describiendo al prominente
puertorriqueño (Andy Montañez). Lo que tengo
entendido, fue que otra persona fue quien dijo
esas palabras. Donde quiera que yo iba me
hacían la misma pregunta, yo les aclaraba y
defendía a Celia. Esto fue un falso rumor sobre
Celia, al igual del rumor, que yo estaba
organizado en contra de ella, fueron totalmente
incorrectos y sin fundamentos.

Nunca he apoyado el régimen de Castro,
tampoco nunca he visitado Cuba. Iré a Cuba sólo
cuando esta sea libre de este Dictador.

Creo en la Democracia, donde todos tenemos el
derecho a opinar como a pedir. Pero una
petición debe estar basada en la verdad y no en
falsos rumores.

Respetuosamente,
Willie Colon.
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María Argelia Vizcaíno
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