ESTAMPAS DE CUBA POR MARIA ARGELIA VIZCAINO
Maggie Carlés: La Voz Vs. La Actriz
Para nadie es un secreto mi admiración por Maggie Carlés; quienes me leen desde hace años saben
que es la única cantante que le he dedicado más de un artículo, pero no es por casualidad que el
famoso diario francés Le Parisien la haya catalogado como «La Voz», ya que cuenta -repito una vez
más-, una impresionante musicalidad, un registro amplio que puede dar agudos altos y seguros,
además de su impresionante VERSATILIDAD, y como ha dejado impreso el respetado Rosendo
Rosell en uno de sus libros de Vida y Milagros de la Farándula de Cuba ella sabe colocar «bien su
diafragma», recordando lo que salió publicado en Estrellas Internacional que dirige el destacado
periodista cubano Hugo del Cañal, que interpreta el Ave María de Schubert «como no lo soñó ni su
propio autor».

Hoy les vengo a comentar de una faceta casi desconocida de Maggie Carlés, la de actriz. He
podido disfrutar su representación de la obra «Habana en el fondo del mar», y me he quedado sin
palabras para elogiar su talento, por lo que les repito lo que comentó mi esposo Rogelio que
compite conmigo para ver a quien le gusta más La Voz: «Si cantando es primerísima, actuando no
es segunda de nadie».

La obra es un monólogo excelentemente adaptado como un musical por el director Max Ferra, que
le propuso acertadamente el papel a Maggie Carlés y al actor, compositor, y cantante cubano Jorge
Hernández, quien participara en el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami con la
aclamada obra «El vuelo del Quijote». Se estrenó el 4 de febrero de 2004 en el Teatro de
Venevisión Internacional, de la ciudad de Miami, bajo la producción general de Miguel Ferro,
obteniendo no sólo una crítica favorable por los especialistas y prensa en general sino que el público
los acompañó a teatro lleno por treinta representaciones.

El 27 de febrero del 2005 se llevó a efecto una segunda reposición en el teatro Manuel Artime de la
misma ciudad, asumiendo Jorge Hernández la dirección y Luis Nodal (también cantante y esposo de
Maggie) la producción ejecutiva, junto a Alfredo Rodríguez encargado del sonido y Pedro Remirez
de la iluminación, un equipo magistral que nuevamente puso a la audiencia a reír, cantar, llorar y
soñar con aquella Habana que llenó la vida cubana de antes de la huida de Batista.

La obra original fue concebida por el premiado narrador, poeta y dramaturgo cubano Abilio
Estévez (hoy residente en España) bajo el título de Santa Cecilia y el subtítulo Ceremonia para una
Actriz Desesperada. Se puso por primera vez en escena en 1994 en la capital cubana, montada por
el grupo Galiano 108 que inmediatamente cosecharon merecidos elogios, premios e invitaciones al
extranjero sin embargo, fue considerada por los críticos oficialistas una obra sediciosa porque se
manipulaba la nostalgia de La Habana antes de Castro, tan señorial, elegante, alegre y musical y
según ellos se presentaba una imagen «desoladora y catastrófica» de la actualidad incluyendo los
apagones, por tener parte del escenario a oscuras. Típico de la paranoia castrista, pero en realidad
el público conocedor de la Cuba de antes y después de 1959 se lleva ese concepto y aunque no es
una obra realista, es una evocación a la capital desaparecida, un ejercicio de memoria, un libro de
historia de Cuba que se puede interpretar de varias formas y en una de ellas hasta comparar al
padre imaginario que la protagonista describe autoritario o tiránico, como el gobernante de la isla.
Los dirigentes no se equivocaron con el perfil que trazaron de Abilio Estévez, pues una vez libre
publica en mayo, 2004, su segunda novela «Los Palacios Distantes» que sí es profundamente
subversiva, llena de ataques directos e indirectos contra el régimen.

En realidad un autor teatral es un paralítico literario si su obra no es bien montada y no cuente con
un intérprete profesional; mucho más cuando se trata de un monólogo donde habla solamente un
actor o actriz que tiene que controlar totalmente la atención de la audiencia sin permitir que se vayan
de la trama. Estévez ha tenido suerte con su personaje Cecilia, pues en Cuba, España, Argentina,
Chile, Ecuador, República Dominicana, Brasil, Nicaragua y hasta en Eslovenia entre otras ciudades
del mundo lo ha interpretado magistralmente la veterana actriz cubana Vivian Acosta, que también
participó en el XVII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami en el 2002; en Nueva York
 la presentó Ferra en inglés con el maestro, pianista y compositor Meme Solís y la actriz y cantante
puertorriqueña Doreen Montalvo; y en Miami en el 2004 y 2005 tuvo a Maggie Carlés,
sorprendiendo a todos con su dominio escénico, apoderándose de la sala,  manipulándola a su
antojo en cada transformación del personaje. Es que nuestra cantante excepcional, también en sus
años juveniles se preparó en la Escuela de Superación Profesional en nuestro país estudiando arte
dramático, bajo el método Stanislavsky, que era una asignatura conjunta con solfeo, teoría y piano,
que muy acertadamente tomó pensando que la ayudarían a interpretar sus canciones.

Cuando terminé de contemplar a Maggie Carlés bajo esta nueva faceta de actriz-cantante en
«Habana en el fondo del mar», que consideré un empate justo entre La Voz  vs. La Actriz, me
acordé de un señor que me escribió el 9 de enero, 2005 y firmó bajo el nombre de Jesús Bello, que
comentando mi artículo sobre ella titulado «La Voz» y publicado en varias páginas cibernéticas
(como en www.laperegrinamagazine.com) me decía entre otras cosas: «...Yo fui fanático de
Maggie, creo que en sus comienzos y desarrollo en Cuba Maggie entregó lo mejor de si, con una
ternura muy fresca. Tristemente, la Maggie de hoy en el exilio, en su transformación comercial
pierde la capacidad de comunicar. Le queda instrumento vocal pero no hay alma. No se necesita
una gran voz para llegar al alma con una canción, por ejemplo voces como Bola de Nieve, Elena
Burke, Omara Portuondo, esta ultima sin salir de Cuba, es la artista cubana más cotizada en el
mundo hoy por hoy, claro, sin comparar, cada cual lo suyo, Omara tiene una vocación y una
escuela insuperables. Maggie debe asesorarse y actualizar su repertorio para convencer su público
nuevo y vender, menos voz y más alma; por ahí va la cosa. ¿No? Respeto tu gusto, pero la verdad
ante todo.»

El señor se refería a la parte de mi artículo que yo digo:  «Maggie Carlés es mucho más: es paz, es
perdón, es reconciliación, es amor, que transmite en cada canción, y nos señala el camino a Cristo,
por intermedio de su Madre Santa en cada interpretación del 'Ave María', con que orando
evidentemente emocionada, entrega el alma sin vacilación.»

Le contesto entre otras cosas que estoy segura que nunca ha visto a Maggie en un concierto en vivo
como exiliada. Quien la ha seguido, desde sus inicios en Cuba y no se ha perdido sus
presentaciones, podrá comparar y se dará cuenta que La Voz, sigue entregando el alma en cada
interpretación, y ahora también como actriz consagrada. Ella no tiene que convencer al público,
pues el que la ve se queda prendado de su calidad interpretativa, lo que hay que acabar es con la
mafia que no permite que los talentos cubanos que llegan a Miami triunfen, esa mafia que no deja
que sus canciones las pongan por la radio, esa mafia que no saca una reseña de sus presentaciones
en la prensa escrita, mucho menos en la TV; y que no es precisamente la famosa mafia del exilio
cubano, sino todo lo contrario, nutrida de elementos envidiosos de nuestro talento artístico musical,
cómplices de la tiranía, agentes sembrados, fanáticos ignorantes que tratan de aplastar a todos los
que tratan de resurgir en libertad, y a los que triunfaron allá  muy a pesar de la represión y que
buscando un pedacito de Cuba libre se radican en la capital del exilio, creándoles calumnias,
difamación, además de bloquearlos por todos los medios.

Después, meditando me di cuenta que quizás Maggie Carlés tuviera la mitad del alma en Cuba
como nos pasa a muchos, pero en su caso es doble porque el gobierno genocida de Fidel Castro se
la partió en dos al no dejar salir del país a su hijo mayor; sólo por hacer daño a la estrella que brilla
limpiamente mucho más que él, por eso se le niega al muchacho la "tarjeta blanca", que es la que
autoriza su salida definitiva, y eso le rompe el corazón a cualquiera mucho más a una madre. Sin
embargo, en escena tanto la cantante como la actriz Maggie Carlés se consagra a su público, lo que
le pasa a ese sujeto y a todos los que hablan como él, -parafraseando el poema más famoso de
Hilarión Cabrisas--, que no puede apreciar su interior «porque para verla hace falta tener alma, y él
no tiene alma para verla».-

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