Letristas olvidados
Rosendo Rosell
y a su
documental
obra «Vida y
Milagros de la
Farándula en
Cuba»
Dra. Elena Pérez
Sanjurjo y su libro
Historia de la
Música Cubana
El también
estupendo libro
de Enrique C.
Betancourt
«Apunte para la
historia
A los amantes de
la historia de la
música de Cuba
recomendamos el
libro del Dr.
Cristóbal Díaz
Ayala "Del Areyo a
la Nueva Trova"

Opiniones sobre este trabajo pueden ser
enviadas escribiendo a mariaargelia@hotmail.com
Sección constantemente en progreso, visítela próximamente
Conozca Nuestros
Talentos
Fallecidos en el
Exilio
Por María Argelia Vizcaino
www.mariaargeliavizcaino.com

Parte I de II

En la actualidad, gracias a la incultura, ociosidad o simplicidad de la mayoría de los presentadores de
música de TV o de radio, no se le da el valor que merecen los compositores, pues sólo anuncian a los
intérpretes, y ya eso es pedirles mucho. Antiguamente algo así no sucedía, por eso tantas personas
conocemos que «Longina» la escribió
Manuel Corona, y «Nosotros» es del autor pinareño Pedrito
Junco
así sucesivamente durante generaciones pasadas.

También hay muchísimas canciones que por ese «facilismo locutorio» sólo se le ha dado valor al
compositor de la música y jamás se da a conocer a los que escribieron la letra. Me imagino que porque
en gran parte de los casos los músicos eran más conocidos y no así el ‘letrista’, o porque ese trabajo no
es considerado importante. Son a estos escritores-poetas los que me propongo rescatar, antes de que
se olvide totalmente su obra.

Uno de los que más me llamó la atención  lo encontré con las piezas del excepcional maestro
Ernesto
Lecuona
, que no hay dudas de su talento, que llegó a ser Director Musical en Hollywood de la Goldwyn
Mayer, musicalizando importantes filmes, pero cuando se trataba de ponerle letra a sus melodías en
muchas ocasiones recurría a un escritor, o viceversa, o sea, cuando un libretista terminaba el guión de
una zarzuela o un argumento para cine, era la difícil misión del maestro adaptarle la música. Así
nacieron: El Cafetal, sobre un tema del poeta
Gustavo Sánchez Galarraga, estrenada en el Teatro
Regina de La Habana en 1929; también inspirado en un tema de Sánchez Galarraga musicalizó las
piezas para zarzuelas Los Curros del manglar, La mulata chancletera, El Batey, Como yo no hay dos
(1930), El maizal (1932), Rosa la china (1932), Lola Cruz (1935). Basado en el guión de
Jesús J. López
le puso música a Por una mujer; de temas escritos por Antonio Castell y Francisco Meluzá Otero están
Sor Inés, Cuando La Habana era inglesa, La Plaza de la Catedral; y conjuntamente con el maestro Eliseo
Grenet musicalizó Niña Rita, sobre un libreto de
Aurelio Riancho y Antonio Castell. Y así una larga
relación solamente de este prolífico compositor.

Lo mismo ha pasado con las canciones del notable maestro
Eliseo Grenet, su Lamento esclavo y la
romanza Mi vida es cantar son basadas en la letra de
Aurelio G. Riancho; el Lamento cubano es un Son
letra de
Teófilo Radillo; y los sones Negro bembón y Sóngoro Cosongo, son poemas de Nicolás Guillén
musicalizados. Y hasta La Mora, decía el destacado trovador
Miguel Matamoros que la letra era de las
hermanas
Maquindó, que vivían en Santiago de Cuba, según relata la Dra. Elena Pérez Sanjurjo en su
enjundioso libro Historia de la Música de Cuba.

El gran maestro
Eduardo Sánchez de Fuentes, que cuando sólo tenía 19 años compuso la habanera
«Tú» que lo inmortalizó, también basó muchas de sus óperas más famosas en letras de poetas
reconocidos como Dolorosa del poeta cubano
Federico Urbach; Doreya, del poeta matancero Hilarión
Cabrisas
; El Caminante, del poeta español Francisco Villaespesa, entre otras.

No se queda muy atrás la gran zarzuela sobre la obra cumbre de la literatura cubana, musicalizada por el
prestigioso maestro
Gonzalo Roig, basada en una adaptación de la novela Cecilia Valdés por los
escritores
Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla. También de Agustín Rodríguez y Ramón Gollury
(Roger de Lauria) es la letra de la canción que lo inmortalizó «Quiéreme mucho», que se estrenó en La
Habana en 1911; y
Agustín Rodríguez además le puso la letra a la contesta de Quiéreme mucho, que se
llamó Yo te amé.

Muy parecido pasó con el notable músico y compositor sagüero
Rodrigo Prats Llorents, que musicalizó
la famosa zarzuela cubana María Belén Chacón con libreto de
José Sánchez Arcilla; Amalia Batista, letra
de
Agustín Rodríguez; La Habana que vuelve, con texto de Antonio Castell; Locura, de la escritora María
Teresa de la Cruz Muñoz;
Una rosa de Francia, del poeta Gabriel Gravici; El gran desfile, de Carlos
Robreño
.

No podía faltar otro grande de nuestra música culta del siglo XX, don
Alejandro García Caturla, que
compuso su famoso Yamba-O, que es un trozo sinfónico para orquesta sobre un poema nada menos
que de
Alejo Carpentier titulado «Liturgia», también con textos de Carpentier están  Dos poemas, y la
mitología bufa Manita en el suelo;  La Rumba, con versos del poeta
José Zacarías Tallet; Y basados en
poemas de
Nicolás Guillén están su: Bito Manué, Mulata, Yambambó, y Sabas.

Canciones tan famosas como «Aquellos ojos verdes» y «El manisero», cada una tiene dos autores. La
primera cuenta con la música de
Nilo Menéndez y la letra del tenor Adolfo Utrera, y el pregón que
estrenara
Rita Montaner conocida por «La Única», según relata, esa otra enciclopedia de la farándula
cubana
Enrique C. Betancourt en el su libro «Apuntes para la historia» (la primerísima enciclopedia
viviente es
Rosendo Rosell), tiene la música del reconocido maestro Moisés Simons, que es lo que sabe
casi todo el mundo, pero la letra se la escribió Mellito, llamado
Gonzalo G. de Mello, nada menos que el
destacado traductor de los cuentos del autor norteamericano William Sydney Porter, conocido por el
seudónimo de O. Henry.

Como tengo más información al respecto y considero de gran importancia este reconocimiento póstumo
a esos letristas olvidados, seguimos en la segunda parte de esta Estampa de Cuba.

Por María Argelia Vizcaino
www.mariaargeliavizcaino.com

Letristas Olvidados
Parte II de II

Siempre estoy protestando cuando alguien me da un escrito o me copia un poema y omite el nombre del
autor, pues para mí es sagrado conocer quien es la persona que ha creado algo, ya sea bueno o malo,
es tan así que casi nunca leo nada donde el autor queda en el anonimato, es por eso que tengo casi una
guerra perpetua contra casi todos los locutores actuales que transmiten música en sus programas y que
tan vagamente y con dificultad mencionan el título de la canción y el nombre del cantante, pero que no se
inmutan por hacernos saber quién es o fue el autor de la misma, ni se reconoce al arreglista y al ‘letrista’
de dicha obra musical.

De ahí que para esta Estampa haya recopilado este grupo de autores de letras prácticamente olvidados,
gracias a esos que escriben y comunican a medias lo que debía ser una obligación por el trabajo que
desempeñan, ya que son los encargados de informar, educar, instruir, a la comunidad para la que
trabajan.

Remontándonos a la etapa de Cuba colonial encontré que el genial maestro
Ignacio Cervantes
Kawanagh
, que nos dejó el mayor legado de Danzas cubanas, contó entre sus letristas con la famosa
poeta puertorriqueña
Lola Rodríguez de Tió, para su danza «Himno a Cuba», que le costó la cárcel y la
expulsión de Cuba, posteriormente compuso «Canto de un desterrado», de un texto del poeta cubano
Miguel Teurbe Tolón; «La tumba del patriota», un himno letra de J. C. Vidal; «Señor salvad a la
República», de
L. Marrero Valdés; «La invasión», de F. Sellén; y la zarzuela El submarino Peral (1889)
con libreto de
N. Suárez Inclán.

A principios del siglo XX se hizo muy famosa la criolla del maestro y general
Luis Casas Romero titulada
«El Mambí», la misma cuenta con la letra de
Sergio Lavilla, también de Lavilla es su «El globo cautivo».

Una ópera bufa estrenada en La Habana en 1957 fue «Los días llenos», con libreto del destacado poeta
Antón Arrufat y música de Natalio Galán. Siguiendo en el género clásico tenemos que las principales
composiciones del maestro
Hubert de Blanck «Actea» y «Patria», tienen letras de Ramón Espinosa de
los Monteros
.

En el tomo III del enciclopédico libro «
Vida y Milagros de la Farándula en Cuba», el admirado Rosendo
Rosell nos recuerda algunos autores que escribieron famosas obras que se exhibían en el teatro
Alhambra como: Federico Villoch, Pepín Rodríguez, Armando Bronca, Agustín Rodríguez (su maestro),
Francisco Meluzá Otero (del que ya hemos mencionado en la primera parte de este tema), Vicente
Blanco, Calvo López, Sergio Arcebal y Enrique Arredondo, «hasta el año 1935, en que se derrumbó el
pórtico del teatro y desdichadamente... ¡se acabó Alhambra!».

Uno de los casos que más me ha llamado la atención es el de
Eusebio Delfín, llamado popularmente
«El Trovador Sonriente», que se dedicó a musicalizar versos de sus amigos poetas:
Sopo Barreto,
Nuñez de Arce, Pedro Mata (La Guinda), Gustavo Sánchez Galarraga (Migajas de amor), Mariano
Albadalejo
(Con las alas rotas), o como su canción más popular «¿Y tú qué has hecho?», que el mundo
conoce mejor por el título de «En el tronco de un árbol», que tenía una letra que él tomó del dorso de un
almanaque que nunca se supo quién la escribió. Esto lo pueden leer en el tomo número IV de «Vida y
Milagros de la Farándula en Cuba», de
Rosendo Rosell.

Siempre repito que la obra de Rosell hay que tenerla en cuenta cada vez que se escribe de nuestros
artistas y nuestra música, porque es uno de los pocos escritores actuales en el que podemos fiarnos
igual que el
Dr. Cristóbal Díaz Ayala, Enrique C. Betancourt, y la Dra. Elena Pérez Sanjurjo, de donde he
extraído la mayor parte de esta información, porque tienen conocimientos sólidos de todo lo que dicen, y
no son como otros que repiten como cotorras lo que manifiesta cualquier papagayo.

Gracias al genio creador de esos autores, poetas y escritores es que nuestros músicos más geniales
se inspiraron dando paso a sus mejores obras como ya hemos mencionado. Siempre lamentaré que a
los letristas, igual que a los arreglistas los releguen al anonimato, es por eso que les dedico esta
Estampa, haciendo un llamado a los oyentes para que exijan además de conocer el nombre de la
canción que escuchan y el intérprete, quién o quiénes fueron los encargados de elaborarla, porque sin
ellos los cantantes no son nadie, por eso digo que merecen que se les conozcan aunque nunca salgan
a escena, y se le retribuya el respeto que por su talento han ganado, y que gracias a ellos otros reciben
bastante fama y dinero. Si trabajan en radio o TV, imagino que es porque les gusta hablar, por favor, que
hagan su trabajo completo, que no sean tan escuetos que eso hace ver que no están preparados para
su profesión.

Un poco de culpabilidad tienen las mediocres compañías editoras de producciones discográficas que
en la carátula no imprimen el nombre de los autores, ese tipo de disco o casete no lo debemos comprar,
ya que eso casi siempre viene de una industria pirata que no quiere pagar los derechos del autor.

Tengo que admitir públicamente que una de las pocas presentadoras radiales de la actualidad que he
tenido la oportunidad de escuchar, que siempre ha defendido a los autores, dando a conocer su nombre
a toda su audiencia, es mi amiga colombiana
Rossana Azuero, que inició el programa de música más
antiguo de la radio en el condado Palm Beach nombrado «Concierto para enamorados», y mantiene un
visitado portal cibernético
www.rossanamusica.com. Por fortuna como ella, existen contadas
excepciones. Ojalá que muchos siguieran su ejemplo, ya que nos enriqueceríamos culturalmente y
admiraríamos también a quienes dan su talento a los intérpretes musicales.-
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